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domingo, 7 de mayo de 2023
sábado, 6 de mayo de 2023
La geoingeniería de las nubes - L. Ramírez
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viernes, 5 de mayo de 2023
Un novedoso experimento
Un estudio proporciona información que podría utilizarse para tratar la infertilidad causada por trastornos cromosómicos o autosómicos sexuales, pero también abre la posibilidad en humanos de la reproducción bipaterna, entre dos varones.
Un equipo de investigación japonés ha producido ovocitos a partir de células de ratones macho y los ha fecundado obteniendo descendencia, según se publica en la revista científica Nature.
En este estudio, se ha convertido eficientemente el conjunto de cromosomas XY a XX en células madre pluripotentes (PS) de ratón. Para ello, los investigadores eliminaron el cromosoma Y y posteriormente duplicaron el cromosoma X. Esto se ha realizado tanto en células madre embrionarias como en células pluripotentes inducidas (iPS) obtenidas de la cola de un ratón macho sexualmente maduro. Posteriormente, las células PS feminizadas artificialmente se han derivado a ovocitos, los gametos femeninos, que dieron lugar a descendencia viable y fértil tras ser fecundados. Esta descendencia es bipaterna, es decir, son hijos de dos padres macho, sin madre, aunque sí fue necesaria una hembra para llevar a cabo la gestación.
Esta no es la primera vez que se consigue la herencia bipaterna en ratones, pues ya se había conseguido en sendos estudios de 2011 y 2018 (ver AQUÍ). La novedad de la investigación actual es que consigue la conversión sexual de las células madre masculinas (XY) en femeninas (XX) para derivar gametos, mientras que los estudios anteriores usaron células madre con un solo cromosoma X (células iPS X0 y células madre embrionarias haploides respectivamente). Esto presenta dos importantes ventajas. En primer lugar, se han evitado las anormalidades en los individuos nacidos por los métodos anteriores, así como la muerte prematura. En segundo lugar, la presencia de los dos cromosomas X se espera que pudiera evitar problemas de infertilidad asociados a los métodos anteriores.
Este estudio proporciona información que podría utilizarse para tratar la infertilidad causada por trastornos cromosómicos o autosómicos sexuales, pero también abre la posibilidad en humanos de la reproducción bipaterna, entre dos varones.
Katsuhiko Hayashi, autor principal de la investigación, afirmó en la última Cumbre Internacional sobre Edición del Genoma Humano, celebrada entre el 6 y el 8 de marzo de 2023 en el Instituto Francis Crick de Londres, que sería técnicamente posible generar ovocitos humanos a partir de células de piel masculinas dentro de una década. No obstante, se trata de una aproximación, pues está por ver que las dificultades que entraña la técnica puedan llegar a superarse y se consigan unos niveles de seguridad suficientes para pensar en poder llevarla al uso en humanos. Antonio Requena, director médico del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) ha señalado a ABC Salud que el uso de células pluripotentes para su transformación en ovocitos «es difícil por la propia complejidad del ovocito (no solo por la transmisión de los cromosomas, sino por la complejidad del citoplasma que será el soporte del futuro embrión en los primeros días de desarrollo). De hecho, hay ya publicaciones de producción de espermatozoides de ratón a partir de células adultas desdiferenciadas, pero esta técnica es más fácil (dentro de su complejidad) debido a que el espermatozoide tiene como función principal sólo aportar la carga genética del varón. […] Queda aún mucho camino que recorrer».
Valoración bioética
Desde el punto de vista bioético, este experimento puede entrañar unos riesgos de seguridad para los niños concebidos aún mayores que la fecundación in vitro actual, difícilmente justificables. Así mismo, consideramos que la autonomía reproductiva no debe verse como un absoluto moral ante el cual la ciencia debe responder. Como expresó la Academia Pontificia para la Vida en su Comunicado Final de la X Asamblea General, «conviene que el comprensible y lícito «deseo de un hijo» no se transforme en un pretendido «derecho al hijo», incluso «a toda costa». Nadie puede pretender un derecho a la existencia de otro hombre, pues de ser así, este último quedaría situado en un plano de inferioridad axiológica con respecto al que invoca ese derecho».
Previamente, hemos publicado información sobre los riesgos difícilmente controlables asociados a las técnicas de reprogramación genética, que suponen una grave dificultad para su aplicación en clínica. La complejidad del genoma humano, el desconocimiento que aún prevalece sobre la interacción genética y la imposibilidad de predecir los efectos asociados a las profundas modificaciones que implica la reprogramación celular, prometedora técnica propuesta por S. Yamanaka y que le hizo merecedor del Nobel de Medicina, hacen que resulte difícil aún controlar los efectos indeseables asociados a ella, máxime cuando, como en este caso, se trata de modificar genéticamente la línea germinal, los gametos, lo que implica posibles consecuencias sobre todas las células del organismo futuro.
Ciertamente, la reprogramación celular, que permite la obtención de células pluripotentes a partir de células adultas, evita la utilización de embriones humanos y su destrucción, lo cual representa una significativa ventaja en cuanto a su valoración bioética, pero los problemas de seguridad aún no bien resueltos asociados a estas técnicas obligan a adoptar posturas prudentes en evitación de consecuencias futuras graves e impredecibles.
¿El fin de la reproducción sexual?
La posibilidad de obtener descendencia a partir de células de un mismo individuo o de dos individuos del mismo sexo, como el caso que nos ocupa, supondría el fin de la reproducción sexual tal como ha evolucionado en la naturaleza, y ha permitido el perfeccionamiento de las especies. Dos son las dificultades insalvables que se abren al respecto: por un lado, haría innecesaria la complementariedad sexual en la reproducción, y, por tanto, la contribución de los aportes masculino y femenino a la necesaria diversidad y equilibrio genéticos; por otro, se cuestiona también esta diversidad sexual en el acompañamiento futuro de la crianza de los hijos, profundizando en los modelos que prescinden de la madre o del padre, cuando los gametos masculino y femenino sean obtenidos por los procedimientos ahora propuestos. Aunque esta realidad ya se produce como resultado de la aplicación de las técnicas de reproducción asistida, actualmente se recurre a los gametos masculino y femenino obtenidos naturalmente, con los que se producen embriones cuya gestación y crianza ofrece múltiples posibilidades diferentes del entorno natural constituido por los progenitores.
A este respecto, cabe por tanto concluir con las palabras de San Juan Pablo II en su discurso a los participantes de aquella Asamblea: «Emerge cada vez más el vínculo imprescindible de la procreación de una nueva criatura con la unión esponsal, por la cual el esposo se convierte en padre a través de la unión conyugal con la esposa y la esposa se convierte en madre a través de la unión conyugal con el esposo. Este plan del Creador está inscrito en la misma naturaleza física y espiritual del hombre y de la mujer y, como tal, tiene valor universal».
Lucía Gómez Tata y Julio Tudela
Observatorio de Bioética. Instituto Ciencias de la Vida. Universidad Católica de Valencia
jueves, 4 de mayo de 2023
La Universidad Católica de Valencia y el Instituto Juan Pablo II fortalecen la difusión de la Bioética en Cuba
El pasado 15 de abril, el Dr. René Zamora, fundador y director del Instituto Juan Pablo II de Bioética en la Habana, Cuba, tuvo ocasión de entregar los títulos a 48 egresados cubanos que cursaron el Máster en Bioética de la Universidad Católica de Valencia en el curso 2020-2021 y que, por motivos de la pandemia, no pudieron ser entregados a los alumnos. El acto se celebró en el Centro Cultural Padre Félix Varela.
La mesa presidencial estuvo compuesta por destacadas personalidades, entre ellas el cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana, el nuncio apostólico, Giampiero Gloder, el obispo auxiliar de La Habana, Eloy Ricardo Domínguez Martínez, y Zamora, reconocido médico, miembro ordinario de la Academia Pontificia por la Vida y presidente del Comité Nacional Cubano de Bioética. También se encontraban presentes numerosas personalidades académicas de la Universidad de La Habana, presidentes de sociedades científicas, delegados de la Escuela Latinoamericana de Medicina, la Universidad Médica de La Habana, parte del ejecutivo del Comité Cubano de Bioética, así como otras instancias docentes del Ministerio de Educación Superior.
Tras el saludo de bienvenida de Zamora, en el que mostró un especial agradecimiento a D. Antonio Cañizares, administrador apostólico de la diócesis de Valencia, y al arzobispo de Valencia D. Enrique Benavent, por su compromiso con el Instituto, intervino de manera online el Dr. Julio Tudela, director del Instituto de Ciencias de la Vida y del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, y director del Máster Universitario en Bioética, quien expresó su satisfacción por esta ya larga colaboración con Cuba, exhortando a los egresados a poner en práctica la necesaria difusión de una cultura bioética que sirva verdaderamente al hombre y su dignidad, contribuyendo a sintonizar el progreso científico con el verdadero progreso humano.
miércoles, 3 de mayo de 2023
El Parlamento Europeo denunciará a Hungría por la ley que prohíbe el adoctrinamiento LGTB a los niños
Quince países de la Unión Europea se han unido a una demanda legal en contra de un proyecto de ley de protección de la infancia en Hungría, que ha sido objeto de críticas por su postura en contra de los derechos del colectivo LGTBI. La Comisión Europea presentó la demanda el año pasado y España, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, Austria, Irlanda, Dinamarca, Malta, Suecia, Finlandia, Eslovenia, Francia, Alemania y Grecia, así como el Parlamento Europeo, se unirán como terceras partes. El plazo para sumarse a la demanda finalizó el pasado 6 de abril.
La ley húngara fue promulgada en 2021 por el gobierno de Viktor Orbán. Esta ley tiene el objetivo de eliminar las actividades o publicidad que promuevan la educación sexual, la homosexualidad o el cambio de género en la etapa escolar, especialmente cuando estas se dirigen a menores de 18 años o se difundan en horario infantil en el ámbito televisivo.
La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, describió entonces como “vergonzosa” la ley afirmando que “claramente discrimina a la gente en base a su orientación sexual”.
Ante estas afirmaciones, el primer ministro de Hungría Viktor Orbán afirmó: “defiendo los derechos de los homosexuales, pero esta ley no es sobre eso. Es sobre los derechos de los niños y sus padres. La ley defiende la exclusividad de los padres a la hora de decidir cómo quieren educar sexualmente a sus hijos”.
El Ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Sziijártó, ha declarado recientemente en una conferencia que “no se trata de una simple decisión gubernamental ni de una decisión parlamentaria, sino que es la voluntad del pueblo, como se expresó en un referéndum y no conocemos una decisión de mayor nivel en una democracia. Estaremos del lado de la protección de la infancia, de la protección de los niños húngaros, independientemente de cuántos países se unan a la demanda contra nosotros”.
Los fundamentos de la ley trans
«Os perseguirán por decir la verdad», la afirmación que vaticinó Chesterton hace cien años.
«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases». Así comienza el Manifiesto Comunista escrito por Marx en 1847. Y a continuación enumera los antagonismos de clase que han ido apareciendo con el paso del tiempo: libres y esclavos, patricios y plebeyos…, y el de su época: burgueses y proletarios.
Marx, conocido por su visión socioeconómica de la vida del hombre y por sus escritos sobre las injusticias que originan estos antagonismos, concluyó que la única manera de resolverlos era con la revolución. Pero Marx, ante todo, era un filósofo y, como tal, tuvo que responder a las grandes preguntas, cómo la de qué (quién) es el hombre. La respondió así: «… es en la práctica donde se demuestra la verdad y por lo tanto el hombre es lo que hace».
Si para el marxismo el hombre es lo que hace, para los existencialistas el hombre está «arrojado» al mundo, lo único que sabe es que existe, pero no sabe lo que es y, por lo tanto, uno se constituye existiendo. El máximo representante de esta corriente fue Sartre, que resumió su existencialismo radical en la famosa frase: «El hombre es una pasión inútil». Porque si todo el afán del hombre es llegar a ser y el ser no sabemos lo que es, la vida carece de sentido.
Simone de Beauvoir, compañera de Sartre, denunció en sus escritos la marginación que sufría la mujer en los años 20. Para conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer, Beauvoir aplicó la idea marxista de la lucha de clases a la lucha de sexos. Y, además, dado que, para ella, como para el existencialismo radical, el ser humano se construye existiendo, creó el concepto de que la mujer se hace a través de la cultura: «La mujer no nace, se hace», dijo en uno de sus libros.
Las ideas de Beauvoir fueron configurando el feminismo marxista que se caracterizó, entre otras cosas, por ir consolidando cada vez más la separación que creen que hay en la sexualidad entre lo biológico –que llamaron sexo– y el componente no biológico que se adquiere, según ellos, por la cultura. Este último componente es lo que denominaron «género». Conviene recordar que, según otras filosofías, la cultura moldea a la persona (Ratzinger) y a la sexualidad, pero no las crea.
Gloria Solé Romero, en su libro «Historia del feminismo», indica que fue Margaret Mead la primera autora que tuvo la idea de etiquetar con el término «género» a ese componente no biológico de la sexualidad. Mead, contribuyó con sus estudios a consolidar la idea de que son los factores culturales los que determinan los roles sexuales, y los etiquetó con el nombre de «géneros».
Otros autores atribuyen al Dr. Money la autoría de este término como un recurso para asignar el sexo a los niños nacidos con unos genitales externos poco diferenciados (estados intersexuales). Su intento de educar como niña a un niño sin pene a consecuencia de un accidente en su circuncisión, resultó en tragedia. Este suceso se describe con detalle en el articulo publicado en «La nueva España» el día 5 de noviembre de 2022, con el título «¿Qué es eso del ‘género’?».
Por influencia de ciertas corrientes filosóficas y de diferentes grupos de presión, la teoría de género fue calando en las agendas de la ONU. En la conferencia de la mujer celebrada en Pekín en 1995 se mundializó esta teoría, que en resumen consiste en desestimar el cuerpo para identificar la sexualidad, al depender esta exclusivamente del componente no corpóreo, que llamaron «género». Una de las ponentes que más destacó en su defensa fue Judith Butler.
Años más tarde, Butler se dio cuenta que tal teoría incurría en una contradicción: si el cuerpo no cuenta como sujeto de la sexualidad (los niños tienen vagina y la niñas pene, era su lema) y lo que cuenta es lo que se construye, un rol social, resultaría que este rol (el género), no podría ser, a la vez, un ser en sí, un sujeto: un rol no puede ser a la vez esencia. Para evitar esta contradicción, creó el concepto del «género» fluido (teoría «queer»).
La teoría «queer» (raro) consiste en no aceptar la clasificación binaria de la sexualidad (hombre/mujer), ni tampoco la identidad de «género», ya que su aceptación supone una normativa que margina a los que no se sienten así (víctimas). Para evitar la opresión que conllevaría categorizar a las personas por el sexo o por el «género» esta autora propone que cada uno es libre para expresar las tendencias sexuales que en cada momento sienta: género fluido. Hasta ahora se han descrito más de 80 «géneros». En una entrevista reciente, Judith Butler se considera no binaria (ni hombre ni mujer).
El Círculo de Bellas Artes de Madrid concedió en octubre del 2022 la medalla de oro a Judith Butler. Muchos piensan que la teoría «queer» es absurda y caerá por sí misma. Pero no es así, como hemos visto. Se trata de una teoría que va en contra del concepto de la unicidad de la persona humana al separar sexo y «género». Y, esta tendencia forma parte del posmodernismo que consiste, según Derrida, en deconstruir los principios de la cultura occidental de raíz griega, romana y judeocristiana. Y esta corriente filosófica no cae por si misma, ya que cuenta con el respaldo de muchas instituciones supranacionales (ONU, UE, etc.) y gobiernos.
Las que con mayor fuerza se han opuesto a esta teoría «queer» son las feministas que luchan por la equidad entre el hombre y la mujer. «Porque si el feminismo ‘queer’ elimina la categoría de mujer, ¿para qué sirve el feminismo?», dicen estas feministas.
En resumen, podríamos decir por todo lo expuesto anteriormente que las personan no tienen «género». Por ello recomiendo que no se utilice este término como sinónimo de sexo o sexualidad, pues si se hace se contribuye a difundir esta ideología. Como dice Jesús Barrón, profesor de Biología de la Comunidad de Madrid: «Hay dos sexos, hombre y mujer, y dos géneros, en gramática, masculino y femenino». Este profesor ha sido suspendido por seis meses de empleo y sueldo por enseñar estos conceptos. Se cumple lo que vaticinó Chesterton hace 100 años: «Llegará un momento en que os perseguirán por decir la verdad».
Con este artículo y con el anterior animo a que los dirigentes políticos y sus votantes profundicen en los fundamentos y consecuencias de las leyes mal llamadas “de género”, que siguen activas en muchas comunidades autónomas, así como en la ley trans, que se aprobó recientemente en España. En un próximo artículo expondré la morbilidad y la mortalidad que están originando estas leyes.
Ángel Jiménez Lacave. Oncólogo. Miembro de la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias
martes, 2 de mayo de 2023
¿Sufre el ser humano antes de nacer?
El planteamiento de si el feto puede o no experimentar dolor, que es muy difícil de resolver, no puede obviar la necesidad de actuar prudentemente en cualquier intervención sobre él que pudiera causarle sufrimiento.
El sufrimiento fetal y los cuidados paliativos son los dos grandes temas que se debatieron en la 12ª Conversación de Bioética que organizó la Cátedra Internacional de Bioética Jérôme Lejeune el pasado 24 de marzo. Dicho evento tuvo lugar en el Instituto de Formación de la Fundación Jérôme Lejeune que se acaba de inaugurar. Este fue moderado por la Dra. Elena Postigo, Directora Académica de dicha cátedra.
Negado hasta hace apenas unos años
El debate sobre si el feto sufre en el vientre de su madre antes de nacer fue abordado por el Dr. Carlo Bellieni, pediatra, neonatólogo experto en dolor fetal y neonatal.
Según Bellieni, «aunque parezca increíble todavía hay expertos que en los arranques de este siglo XXI negaban el sufrimiento fetal por varias razones, como que la corteza cerebral no estaba formada, que no había movimientos faciales o que siempre estaban dormidos. La corteza cerebral no se desarrolla por completo hasta la adolescencia, por lo tanto, sería como decir que no existe dolor hasta ese momento”, explicaba el Dr. Bellieni. “En los fetos se ha demostrado que, por ejemplo, hay estados de vigilia, y en momentos de estrés se disparan ciertos niveles de hormonas”. Así, el profesor de la Universidad de Siena abogó por el uso de fármacos para evitar el sufrimiento fetal en el caso de que fuera necesario intervenir dentro del útero materno. Determinadas sustancias, transferidas por la madre al feto a través de la placenta que ayudarían a reducir el dolor no serían suficientes para suprimirlo.
Además, en el caso de neonatos, la evidencia acumulada apunta a la necesidad de sedar al recién nacido al que haya que intervenir quirúrgicamente por diferentes razones médicas. Sorprendentemente, es algo que no se realizaba, aunque nos resulte increíble, hace apenas algunas décadas.
Bellieni afirmó que “la medicina occidental está basada en el lenguaje, en el consentimiento informado. Tratar con quién no se puede expresar es el terror de nuestra medicina. Así, hablar del dolor fetal es hablar en favor de todos los que se no pueden expresar”.
Los cuidados paliativos perinatales: ayudar cuando se espera la vida y llega la muerte
El Dr. Felipe Garrido, médico pediatra, neonatólogo del Departamento de Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, fue el encargado de ahondar en los cuidados paliativos aplicados en el periodo perinatal, que constituyen una prioridad, ya que en este periodo se da el 34 % de la mortalidad durante todo el periodo de la infancia. Destacó que, en casos de enfermedad grave del feto, a veces a los padres solo se les ofrece una opción, el aborto, pero deben saber que no es la única. Para ello ofreció el testimonio de unos padres, los de Elena, a la que en la semana 20 se le diagnosticó que no había desarrollado todo el cerebro (anencefalia) y moriría tras su nacimiento. Sus padres buscaron ayuda y decidieron seguir adelante. Elena vivió 2 horas y 11 minutos pero “fue una vida plena de amor. Murió no a manos de una madre, sino en brazos de una madre”.
El Dr. Garrido citó la definición que la Dra. Ana Martín-Ancel, del Hospital Sant Joan de Déu, hace de estos cuidados: “son cuidados diseñados para mejorar la calidad de vida de los recién nacidos gravemente enfermos, sin posibilidad de curación, para ayudar a sus familias a establecer un vínculo real con el niño, proporcionándoles el máximo confort posible, intentando posibilitar una vivencia de amor. Los cuidados paliativos tienen, como objetivo, no ayudar a morir al recién nacido, sino ayudar a vivir el final de su vida, optimizando la calidad de vida del bebé y de sus familias. Humanizar, acompañar y tranquilizar a los padres, con una atención personalizada y centrada en la familia es la clave. En las visitas previas es fundamental resolver sus dudas, que normalmente están centradas en si el bebé va a sentir dolor o insistir en los aspectos positivos. Todo el equipo presente durante el momento del parto tenemos que estar alineados con el plan decidido por los padres. A veces, incluso han estado presentes los hermanos porque así lo han querido vivir”, explicó.
¿Cuándo empieza el feto a sentir dolor según la ciencia?
Como ya recogimos en nuestro Observatorio recientemente, hay quien argumenta en contra del aborto diciendo que los fetos pueden sentir dolor en el primer trimestre del embarazo, mientras que otros dicen lo contrario. En un artículo publicado en Nature Neuroscience, los autores señalan que no se puede decir que el feto sienta dolor entre las 12 y las 14 semanas de gestación, pero otros investigadores afirman que las conexiones entre los receptores periféricos y el tálamo en el cerebro fetal humano, que aparecen entre las 19 y las 22 semanas de gestación, permiten la percepción de dolor.
En este sentido, el doctor Carlo Bellieni afirma en Bioethics Today que “negar el dolor fetal en la segunda mitad del embarazo puede socavar el derecho a la analgesia de los bebés prematuros”.
Valoración bioética
Para el Dr. Julio Tudela, Director del Observatorio de Bioética, “el planteamiento de si el feto puede o no experimentar dolor, que es muy difícil de resolver, no puede obviar la necesidad de actuar prudentemente en cualquier intervención sobre él que pudiera causarle sufrimiento. No utilizar analgesia ante una intervención que admite su uso, y justificarlo en la creencia de que el paciente no experimenta dolor, constituye una mala praxis y un acto maleficente inaceptable bioéticamente. Por otro lado, tratar de utilizar el argumento de que el feto no experimenta dolor hasta bien avanzado el embarazo para restar dramatismo a la práctica del aborto, constituye una manipulación intolerable. Hoy hay quien defiende que matar sin dolor es más humano, menos reprobable, más compasivo. Matar sin dolor en la eutanasia, en la pena de muerte o en el aborto provocado. Atentar contra la vida siempre es reprobable, independientemente de que se haga con analgesia o no. En el aborto sufre la madre que aborta, sufre el feto abortado y, si no experimenta dolor, sufre la violencia de quien termina con su vida sin más”.
Ver Jornada completa de la Cátedra de Bióetica de Jérôme Lejeune AQUÍ.
