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domingo, 25 de noviembre de 2018

miércoles, 20 de diciembre de 2017

ERO CRAS... MAÑANA SERÁ, MAÑANA VENDRÉ

Desde el 17 hasta la vigilia anterior a la de Navidad, en el momento que se recita el Magnificat, en la oración de Vísperas del rito romano, se cantan siete antífonas, una por día, cada una de las cuales comienza con una invocación a Jesús, quien en este caso nunca es llamado por su nombre. 

Este septenario es muy antiguo, se remite a la época del papa Gregorio Magno, alrededor del año 600. Las antífonas están en latín y se inspiran en textos del Antiguo Testamento que anuncian al Mesías. 

Al comienzo de cada antífona, en ese orden diario, Jesús es invocado como Sabiduría, Señor, Raíz, Llave, Sol, Rey, Emmanuel. En latín: Sapientia, Adonai, Radix, Clavis, Oriens, Rex, Emmanuel. 

Leídas a partir de la última, las iniciales latinas de esas palabras forman un acróstico: "Ero cras", es decir, "Será mañana". Es el anuncio del Señor que viene. La última antífona, que completa el acróstico, se canta el 23 de diciembre y al día siguiente, con las primeras vísperas, comienza la fiesta de Navidad. 


En estas antífonas se hacen notar riquísimas referencias al Antiguo Testamento con una particularidad: las tres últimas antífonas incluyen algunas expresiones que se explican únicamente a la luz del Nuevo Testamento. 

La antífona "O Oriens" del 21 de diciembre incluye una clara referencia al "Benedictus", el cántico de Zacarías inserto en el capítulo 1 del Evangelio de san Lucas: "Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombras de muerte". 

La antífona "O Rex" del 22 de diciembre incluye un pasaje del himno a Jesús del capítulo 2 de la epístola de san Pablo a los Efesios: "El que de dos [es decir, judíos y paganos] ha hecho una sola cosa". 

La antífona "O Emmanuel" del 23 de diciembre se concluye al final con la invocación "Dominus Deus noster": una invocación exclusivamente cristiana, porque solamente los seguidores de Jesús reconocen en el Emmanuel a su Señor y Dios. 

Así pues, presentamos los textos íntegros de las siete antífonas, en latín y traducidas, resaltando las iniciales que forman el acróstico "Ero cras" y, entre paréntesis, las principales referencias al Antiguo y al Nuevo Testamento: 


I – 17 de diciembre 

O SAPIENTIA, quae ex ore Altissimi prodiisti, 
attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia: 
veni ad docendum nos viam prudentiae. 

Oh Sabiduría que sales de la boca del Altísimo (Eclesiástico 24, 3), 
te extiendes hasta los confines del mundo y dispones todo con suavidad y firmeza (Sabiduría 8, 1): 
ven a enseñarnos el camino de la prudencia (Proverbios 9, 6). 


II – 18 de diciembre 

O ADONAI, dux domus Israel, 
qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti, et in Sina legem dedisti: 
veni ad redimendum nos in brachio extenso. 

Oh Señor (Éxodo 6, 2 Vulgata), guía de la casa de Israel, 
que apareciste ante Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3, 2) y en el Monte Sinaí le diste la Ley (Éxodo 20): 
ven a liberarnos con brazo poderoso (Éxodo 15, 12-13). 


III – 19 de diciembre 

O RADIX Iesse, qui stas in signum populorum, 
super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: 
veni ad liberandum nos, iam noli tardare. 

Oh Raíz de Jesé, que te elevas como bandera de los pueblos (Isaías 11, 10), 
callan ante ti los reyes de la tierra (Isaías 52, 15) y las naciones te invocan: 
ven a liberarnos, no tardes (Habacuc 2, 3). 


IV – 20 de diciembre 

O CLAVIS David et sceptrum domus Israel, 
qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: 
veni et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris et umbra mortis. 

Oh Llave de David (Isaías 22, 22), cetro de la casa de Israel (Génesis 49, 10), 
que abres y nadie puede cerrar; que cierras y nadie puede abrir: 
ven, libera de la cárcel al hombre prisionero, que yace en tinieblas y en sombras de muerte (Salmo 107, 10.14). 


V – 21 de diciembre 

O ORIENS, splendor lucis aeternae et sol iustitiae: 
veni et illumina sedentem in tenebris et umbra mortis. 

Oh Sol que naces de lo alto (Zacarías 3, 8; Jeremías 23, 5), esplendor de la luz eterna (Sabiduría 7, 26) y sol de justicia (Malaquías 3, 20): 
ven e ilumina a quien yace en tinieblas y en sombras de muerte (Isaías 9, 1; Evangelio según san Lucas 1, 79). 


VI – 22 de diciembre 

O REX gentium et desideratus earum, 
lapis angularis qui facis utraque unum: 
veni et salva hominem quem de limo formasti. 

Oh Rey de los gentiles (Jeremías 10, 7), esperado por todas las naciones (Ageo 2, 7), piedra angular (Isaías 28, 16) que reúnes en uno a judíos y paganos (Epístola a los Efesios 2, 14): 
ven y salva al hombre que has creado usando el polvo de la tierra (Génesis 2, 7). 


VII – 23 de diciembre 

O EMMANUEL, rex et legifer noster, 
expectatio gentium et salvator earum: 
veni ad salvandum nos, Dominus Deus noster. 

Oh Emmanuel (Isaías 7, 14), nuestro rey y legislador (Isaías 33, 22), 
esperanza y salvación de los pueblos (Génesis 49, 10; Evangelio según san Juan 4, 42): 
ven a salvarnos, oh Señor Dios nuestro (Isaías 37, 20). 

sábado, 16 de diciembre de 2017

UNOS ZAPATOS PARA...

Solo faltaban cinco días para la Navidad. Aún no me había atrapado el espíritu de estas fiestas. Los estacionamientos llenos, y dentro de las tiendas el caos era mayor. No se podía ni caminar por los pasillos. ¿Porqué vine hoy? Me pregunté. Me dolían los pies lo mismo que mi cabeza. En mi lista estaban los nombres de personas que decían no querer nada, pero yo sabia que si no les compraba algo sé resentirían. Llené rápidamente mi carrito con compras de último minuto y me dirigí a las colas de las cajas registradoras. Escogí la más corta, calculé que serian por lo menos 20 minutos de espera. Frente a mí había dos niños, un niño de 10 años y su hermana de 5 años. Él estaba mal vestido con un abrigo raído, zapatos deportivos muy grandes, a lo mejor 3 tallas más grande. Los jeans le quedaban cortos. Llevaba en sus sucias manos unos cuantos billetes arrugados. Su hermana lucía como él, sólo que su pelo estaba enredado. Ella llevaba un par de zapatos de mujer dorados y resplandecientes. Los villancicos navideños resonaban por toda la tienda y yo podía escuchar a la niñita tararearlos. Al llegar a la caja registradora, la niña le dio los zapatos cuidadosamente a la cajera, como si se tratara de un tesoro. La cajera les entregó el recibo y dijo: son $6.09. El niño puso sus arrugados billetes en el contador y empezó a rebuscarse los bolsillos. Finalmente contó $3.12. Bueno pienso que tendremos que devolverlos, volveremos otro día y los compráremos, añadió. Ante esto la niña dibujó un puchero en su rostro y dijo: "Pero a Jesús le hubieran encantado estos zapatos". Volveremos a casa trabajaremos un poco más y regresaremos por ellos. No llores, vamos a volver. Sin tardar yo le completé los tres dólares que faltaban a la cajera. Ellos habían estado esperando en la cola por largo tiempo y después de todo era Navidad. Y en eso un par de brazitos me rodearon con un tierno abrazo y una voz me dijo: "Muchas gracias señor". Aproveché la oportunidad para preguntarle que había querido decir cuando dijo que a Jesús le encantarían esos zapatos. Y la niña con sus grandes ojos redondos me respondió: - "Mi mamá está enferma y yéndose al cielo. Mi papá nos dijo que se iría antes de Navidad para estar con Jesús. Mi maestra de catecismo dice que las calles del cielo son de oro reluciente tal como estos zapatos. ¿No se le verá a mi mamá hermosa caminando por esas calles con estos zapatos?" Mis ojos se inundaron al ver una lágrima bajar por su rostro radiante. Por supuesto que sí, le respondí. Y en silencio le di gracias a Dios por usar a estos niños para recordarme el verdadero valor de las cosas.

viernes, 15 de diciembre de 2017

jueves, 14 de diciembre de 2017

GRECCIO Y BELEN

En un pueblito llamado Greccio había un hombre llamado Juan, muy devoto de San Francisco. Unas dos semanas antes de la fiesta de Navidad, San Francisco llama a Juan y le dice: -Hijo mío, si quieres que celebremos en Greccio el nacimiento de Jesús, prepara cuanto voy a decirte. Quisiera representar al Niño nacido en Belén para ver con mis propios ojos las incomodidades en que se encontró aquella noche santa. Nuestro Señor fue recostado en un pesebre entre el buey y el burrito. Así que tú prepara una gruta. Trata de disponerlo todo como debió ser la noche en que nació el Niño Jesús. Juan va en seguida al lugar establecido para preparar lo necesario según el proyecto de San Francisco. Y llega la víspera de Navidad. Con tal ocasión, San Francisco invita a muchos frailes para que vengan a Greccio. Poco antes de medianoche hombres, mujeres y niños llegan jubilosos de los caseríos de la región. Traen velas y antorchas para iluminar aquella noche santa. Llega también a la gruta San Francisco. Ve que todo se ha preparado según su deseo. Está radiante de alegría. Un labrador pone un brazado de heno en el pesebre, y luego se hace entrar en la gruta un buey y un burrito. Greccio se ha convertido en una nueva Belén. El bosque en torno a la gruta resuena de voces y de cantos festivos. San Francisco, que ha invitado también a un sacerdote para celebrar la Santa Misa en la gruta, ayuda al celebrante. Después de leer el Evangelio, San Francisco habla al pueblo reunido ante la gruta. Con palabras tiernísimas recuerda el nacimiento de¡ Niño Jesús. Hasta el buey y el burrito escuchan atentos. San Francisco pronuncia la palabra Belén con voz temblorosa. En su boca, esta palabra parece casi un balido de corderito. A medianoche en punto, apenas San Francisco ha terminado de hablar, la gruta se ilumina milagrosamente. En el pesebre, entre el buey y el burrito, aparece la figura esplendente del Niño Jesús. Los labradores y pastores más cercanos a la entrada de la gruta ven claramente cómo el Niño yace sonriente en el heno del pesebre. El buey y el burrito calientan con su aliento al pequeño Niiío, exactamente como hablan hecho el buey y el burrito en Belén. San Francisco se arrodilla en adoración ante el pesebre. Los pastores y labradores entonan un canto navideño. Alguien toca flautas y zampoñas. Los niños agitan las antorchas. Después de algunos momentos, el Niño Jesús desaparece y también la luz va apagándose poco a poco en la gruta. Terminada la Santa Misa, la gente vuelve a su casa cantando y agitando velas y antorchas. En el cielo brillan muchísimas estrellas. San Francisco se queda todavía un largo rato en la gruta, rezando. Acaricia al buey y al burrito y les dice: -Hermano buey y hermano burrito, sois afortunados entre todos los animales porque habéis podido ver con vuestros ojos a vuestro Señor y Creador. Habéis podido calentarle con vuestro aliento. El buey y el burrito miran al santo con sus grandes ojos dulces, llenos aún de aquella luz aparecida en la gruta. Luego San Francisco manda a sus frailes: -Hermanos míos, por amor a Nuestro Señor, yo os ordeno que en los años futuros, la noche de Navidad déis de comer a todos los animales. Particularmente echad buen heno a los bueyes y a los burritos. Todas las criaturas vivientes deberán hacer fiesta en la Navidad de Jesús. Desde entonces los frailes, hasta la muerte de San Francisco, todos los años van por las cuadras de Greccio a llevar buen heno a todos los bueyes y burritos, en la noche de Navidad. También vosotros, queridos niños, el día de navidad recordaos de dar de comer cosas buenas a todos los animalitos que tenéis en casa o que encontréis por el camino.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

NACIMIENTO DE JESÚS UN 25 DE DICIEMBRE?

por José Pinto...

Tengamos presente siempre que lo importante de una celebración fijada por la Iglesia no es la fecha en sí misma, lo relevante es el acontecimiento que celebramos en esa fecha.  En el caso de las celebraciones tradicionales del nacimiento de Jesús,  estas comienzan entre la noche del 24 y la madrugada del 25 de  diciembre (Nochebuena y Navidad). Los enemigos de Jesús y de la Iglesia critican estas celebraciones y hay quienes quisieran desaparecerlas del mapa mundial de festividades. Quieren borrar a Jesús de cualquier manera sustituyéndolo en muchos lugares por la figura de Santa Claus, prohibiendo además la celebración de su nacimiento en muchos colegios públicos de los Estados Unidos, obligando a muchos creyentes a hacer solo alusiones “neutras” a dichas fiestas para evitar ser penalizados. Hay quienes especulan que la celebración del nacimiento de Jesús debería fijarse en otras fechas alegando que el día 25 de diciembre no está mencionado en la Biblia, y que además era y es un tiempo muy frío y lluvioso en Jerusalén para relacionarlo con ese gran acontecimiento; pero aún dándoles la razón, ninguno puede sostener tampoco la precisión de las nuevas fechas por ellos sugeridas. Sin embargo, nosotros si tenemos varios argumentos para señalar que el nacimiento de Jesús fue cercano a ese amanecer del 25 de diciembre.  El argumento de que la verdadera razón para que la Iglesia decretara a través del papa Liberio la celebración del nacimiento de Jesús a partir el 25 de diciembre del año 354 d.C. para así opacar las fiestas romanas de Brumalia2, es totalmente falso, porque ya existían tradiciones judías de la celebración de los días 24 y 25 de Quislev3 relacionadas a la renovación del templo de Jerusalén,
1 Es un personaje inspirado en un obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás, que vivió en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia (en la actual Turquía). Era una de las personas más veneradas por los cristianos de la Edad Media, del que aún hoy se conservan sus reliquias en la basílica de San Nicolás, Bari, Italia.
2 Fiesta que los romanos celebraban en honor al Sol Invictus,  a partir del siglo III de nuestra era – en tiempos del emperador Heliogábalo.
3 Mes noveno del calendario judío antiguo que corresponde a un período intermedio entre los meses de noviembre y diciembre del calendario gregoriano actual. Es uno de los meses más lluviosos del año en la Tierra de Israel.
anteriores a  la celebración romana del “invencible dios sol”, y que apuntaron hacia la fecha escogida por la Iglesia para celebrar el nacimiento de Jesús.
Unos 520 años antes del nacimiento de nuestro Señor, durante el tiempo del profeta Ageo, después del retorno del exilio babilónico, el 24 del mes de Quislev (Ageo 2,18), se comenzó  la reconstrucción del templo de Jerusalén; este había sido profanado durante el exilio babilónico de los judíos y Palabra de YHWH había venido sobre el profeta  Ageo, el día 21 de ese mismo mes, para emplazarlo a limpiar el templo profanado. YHWH le prometía al pueblo judío bendiciones  a partir de ese día de la reconstrucción del templo (Ageo 2,18-19); de manera que a partir de ese momento, para los judíos, ese día fue muy importante para recordar y celebrar después de su retorno del exilio. El último verso del capítulo 2 de Ageo (verso 23) es clave, pues nos da la visión con sentido mesiánico del mensaje de YHWH al profeta Ageo. YHWH le señala a Ageo que le dará un título distintivamente mesiánico a Zorobabel: “Siervo mío, esclavo mío [en hebreo עָ֫בֶדcuya transliteración es ibed]” – Comparar con 2 Samuel 3,18; 1 Reyes 11,34; Isaías 42,1-9 y Ezequiel 37,24-25. Zorobabel era nieto de Joaquín (Ageo 1,1.12.14) quien hubiese sido heredero del trono de David de haberse restablecido su reinado en esa época. Así que Zorobabel  resulta ser un ancestro de Jesús y por eso aparece en el linaje de Cristo tanto por parte de José (Mateo 1,12), como por el lado de la Virgen María (Lucas 3,27). A través del mensaje dado a  Ageo, YHWH promete además hacer de Zorobabel  un anillo de sellar, dando así garantía de que su palabra era auténtica. 
Fue Zorobabel  justamente quien sentó las bases para la reconstrucción del segundo templo en Jerusalén. Hacer de Zorobabel como un anillo de sellar, de acuerdo a la Palabra de YHWH que vino sobre Ageo, era un símbolo de honor, autoridad, y poder, algo como un cetro de rey, utilizado para sellar cartas y decretos. Zorobabel, como el anillo de sellar de YHWH, representa entonces  la garantía de la permanencia de la casa de David mediante la reanudación de la línea mesiánica interrumpida por el Exilio babilónico. Zorobabel como figura mesiánica simboliza a Jesús el hijo de María Santísima quien restablecería el reinado eterno del trono de David. De manera que todo el libro de Ageo, referido a la reconstrucción del templo y el titulo que se le da a Zorobabel fija las bases de  una cosmovisión mesiánica que nos permite interpretar el mensaje dado a Ageo. Esta colocación de la piedra angular del templo, el 24 del mes de Quislev, para comenzar la reconstrucción del templo a partir de las ruinas de la profanación, tiene así un sentido claramente mesiánico – La puesta de la verdadera piedra angular que es Cristo (Hechos 4,11) sobre quien se
edifica el verdadero tabernáculo (Hebreos 8,1-2; 9,11). Zorobabel prefigurado como Cristo, el anillo de sellar de YHWH, reconstruyó el templo de Jerusalén y Jesús, “La Piedra viva”, construyó el edificio de su Iglesia con las “piedras vivas” que somos los cristianos (1 Pedro 2,4-5).  Luego, si la roca fundacional de la reconstrucción del templo judío fue colocada un 24 de Quislev y esta profecía de Ageo se refería al comienzo de las verdaderas bendiciones que sobrevendrían con el nacimiento de la Piedra Angular que era Cristo ¿por qué dudar de que esta fecha prefiguraba el tiempo del nacimiento de Jesús, la roca angular y fundamento del verdadero tabernáculo – 24 de diciembre?
Otra fecha de celebración del 25 de Quislev referida también a la restauración del templo de YHWH, la encontramos en el primer libro de Macabeos 4,52-59 y en el segundo libro 1,18; 10,5-8. En los relatos de estos libros de Macabeos vemos como Judas Macabeo junto a sus hermanos lucharon contra Antíoco IV Epífanes, rey de Siria, en el año 167 a.C. Ellos ordenaron a los sacerdotes que purificaran el santuario y echaran fuera el altar profanado por Antíoco. Tras su victoria, los Macabeos colocaron a Jonatán Macabeo como sumo sacerdote y en la madrugada del 25 de Quislev, fue nuevamente consagrado el templo de Jerusalén, su fachada fue adornada, se encendieron luces y fue grande la alegría en el pueblo (2 Macabeos 10,5-6). Este fue el origen de la fiesta de "Jánuca"4, donde también se acostumbraba darles regalos a los niños y cuya tradición se conserva hasta hoy entre los judíos.
Finalicemos con las palabras del padre Francesco María de la Santísima Trinidad: “Navidad no es tiempo, es ETERNIDAD en el movimiento, todo parece moverse, pero misteriosamente todo se ha detenido, Navidad es descanso, [YHWH] ha parado su ruta en mi tierra, para que mi tierra sea fecundada y se enrute hacia la eternidad, EL CIELO ha creado una ruta, un camino, una vida para nosotros”.
4 “La fiesta de las luminarias” - del 25 de Quislev al 2 de Tevet (o el 3 de Tevet, cuando Quislev cuenta con sólo 29 días), en la que se celebra la derrota de los sirios y la recuperación de la independencia judía a manos de los Macabeos, y la posterior purificación del Templo de Jerusalén de los íconos paganos, del que se recuerda el milagro del candelabro, que ardió por ocho días consecutivos con una exigua cantidad de aceite.

martes, 12 de diciembre de 2017

LA PRIMERA

Mientras todos los niños ayudaban en sus casas en los preparativos para la Nochebuena, Pedro, de 7 años de edad, trabajaba en la joyería de Don Juan para ayudar con el sostenimiento de su casa. Don Juan era un joyero de mucho dinero, pero al mismo tiempo, un hombre sin familia, a quien solamente le importaba el dinero y miraba a Pedro como un simple trabajador más no como un niño. El día de Navidad Pedro quería retirarse temprano del trabajo para comprar algunas cosas para la cena y ayudar a su mamá. Contemplando en la ventada como algunos niños jugaban, Pedro escuchó un grito que lo hizo temblar: - ¡Pedro!, gritó Don Juan. - Si señor, respondió él - ¿Qué haces mirando por la ventana? Aún no terminas tu trabajo. - Pedro contestó:¡Hoy es navidad! hoy es el cumpleaños del niño Jesús, hoy es un día muy especial. - ¡Pues a mi no me importa! ¡Crees que hoy vas a poder escaparte mas temprano de tus deberes, trabaja mejor!, replicó - Pero Don Juan, hoy quería comprar algunas cosas para la cena de navidad, suplicó el niño. - ¡Para la cena de Navidad!, se burló el joyero. Tú lo único que quieres es escaparte mas temprano. Hoy es un día común y corriente; mejor sigue trabajando si quieres mantener tu empleo. - Si don Juan, contestó Pedro muy triste. El niño continuó trabajando, con lágrimas en los ojos. Su corazón estaba muy triste y angustiado y temía que Don Juan no lo dejase pasar Navidad junto a su familia. En medio de ese aterrador pensamiento, elevó una plegaria a la Virgen María pidiéndole su intercesión para que pudiese pasar una linda Navidad con su familia. Poco después, Don Juan, inesperadamente, gritó tan fuerte que casi se le sale el corazón a Pedro. - ¡Pedro, Pedro ven apúrate! - gritaba el joyero horrorizado. - Don Juan ¿que le pasa? preguntó - Don Juan asustado abraza a Pedro y le dice: "Vi un fantasma, vi un fantasma! - Pedro miró para todos lados en la habitación de Don Juan y no vio nada. - Cálmese, dijo. Yo no veo nada. - ¿Me estas tratando de mentiroso?, exclamó el anciano. - No don Juan, disculpe no quise decir eso. - ¡Sigue trabando mejor!, fue una pesadilla ¡sigue trabajando! Don Juan seguía atemorizado por lo que según él había visto. No queriendo permanecer ni un momento solo se le ocurrió pedirle a Pedro que se quedara con él hasta bien entrada la noche. "Por si acaso", pensó. Don Juan llamó al niño y le dijo: - Pedro, necesito que hoy te quedes hasta más tarde. - Pero señor, hoy es navidad y mi familia me esta esperando. - ¡Pedro te pago el doble! - Pero Don Juan, ya tengo casi terminado mi trabajo y debo ir a casa. Don Juan no le quería confesar que estaba asustado y el niño lo sabía, pero él se resistía a quedarse porque era Navidad. Entonces, se le ocurrió una magnífica idea: "invitar a Don Juan a su casa a pasar la navidad". - Don Juan: lo invito a pasar la Navidad con nosotros para que no se quede solo. Don Juan estaba emocionado por el ofrecimiento de Pedro, ya que nadie lo invitaba a su casa. por lo que sin pensarlo… aceptó. Cuando llegaron a la casa de Pedro, Don Juan se quedó muy impresionado porque en esa humilde casa, había mucha alegría y generosidad. Don Juan sonrió como nunca lo había hecho, se dio cuenta que nunca había tenido una Navidad y ahora la compartía con una familia muy sencilla y amable. Sus mejillas se sonrojaron y sobre ellas rodaron muchas lágrimas de la emoción y felicidad que sentía. Al final de la noche, Don Juan se comprometió a ser más justo y considerado con el niño, y a desprenderse de sus bienes a favor de los más necesitados.

lunes, 11 de diciembre de 2017

EL DESEO DE...

Era la noche de Navidad y Dios miró a la tierra para contemplar a todos sus hijos. Había transcurrido casi 2000 años desde que Dios se encarnó en el seno de la Santísima Virgen María y vino al mundo para redimir a los hombres. Entonces Dios se dirigió a uno de sus ángeles más jóvenes y le dijo: "Baja a la tierra y tráeme una sola cosa, la que mejor represente todo lo bueno que se ha hecho hoy en mi nombre". El ángel hizo una reverencia a Dios y descendió al mundo de los humanos, buscando aquello que encierre lo que Dios le había pedido. Su misión resultó algo difícil pues muchas cosas se habían hecho para homenajear el nacimiento del Niño Jesús. Para el día de Navidad, las guerras habían cesado temporalmente, las catedrales había sido construidas y grandes novelas habían sido escritas. ¿Cómo sería posible encontrar entonces algo que representase todo esto? Mientras estaba sobrevolando la tierra, el ángel escuchó el sonido de las campanas de una iglesia. La melodía que se desprendía del campanario era tan hermosa que al ángel le recordó la voz de Dios. Mirando hacia abajo, vio la pequeña iglesia de donde provenía la hermosa melodía, pero también pudo escuchar el canto de un coro que entonaba "Noche de Paz". Al ingresar al templo, el ángel comprobó que había una sola voz que cantaba la canción. Pero inmediatamente una segunda voz continuó a la primera en perfecta armonía, y luego otra y otra hasta que el coro de voces alumbró el recinto durante toda la noche. Encantado por el mágico sonido, el ángel permaneció en el templo hasta que la canción terminó. Luego, se elevó de nuevo por los aires escuchando en todo lugar los maravillosos sonidos que se desprendían de los villancicos. En todas las ciudades, sean estas pequeñas o grandes, el ángel escuchó canciones, ya sean interpretadas por grandes orquestas o por las voces de los soldados que se encontraban solos en un campamento militar, alusivas al Nacimiento de Cristo en la tierra. Y en todos los lugares que el ángel escuchó las voces y sonidos, encontró paz en los corazones de esos hombres, mujeres y niños. Cogiendo con sus manos uno de los sonidos emitidos por una de las canciones que flotaba en el aire, (los ángeles pueden hacer esto) pensó que quizás estas canciones podrían representar lo mejor que hay en la tierra en esta Navidad. La voz de los hombres era utilizada para entonar bellas melodías a través de las cuales era llevada la esperanza y el aliento a aquellos que creían haberlo perdido todo. Sin embargo, a pesar de haber encontrado la respuesta a lo que él estaba buscando, su corazón le decía que esta música por sí sola no era suficiente. Debería haber algo más. De esa forma, continuó su viaje a través de la espesura de la noche hasta que derrepente sintió la oración elevada por un padre en su camino al cielo. Nuevamente miró hacia abajo y vio a un hombre rezando por su hija de quien no sabía hace mucho tiempo y que no estaría en casa para esa Navidad. El ángel siguiendo la intención de la oración encontró a la hija de aquél hombre. Ella estaba parada en la esquina de una ciudad muy grande. Al frente, había un viejo bar donde fácilmente uno podía darse cuenta que los que estaban sentados ahí rara vez levantaban su vista para mirar por encima de sus bebidas por lo que no notaron la presencia de la niña. El que atendía el bar era un hombre que no creía en nada excepto en su barra y su caja registradora. Nunca se había casado, nunca tomó vacaciones y nunca nadie lo había visto lejos de la barra, ni tampoco sabían desde cuando se inició en aquel oficio. Él siempre estaba ahí cuando los clientes llegaban y se iban. No daba crédito a nadie y de vez en cuando por 75 centavos de dólar servía vasos de whiskey con hielo a las personas que pasaban la mayor parte del tiempo sentados en el bar. De repente, la puerta se abrió y entró un pequeño niño. El barman no podía recordar la última vez que vio a un niño en aquel lugar, pero antes que tuviera tiempo de preguntarle que quería, el niño le dijo si él sabía que había una niña afuera en la puerta que no podía regresar a casa en la noche de Navidad. Dando un vistazo por la ventana, vio a la niña frente a la acera. Volteándose hacia el niño, le preguntó como sabía eso. El chico replicó: "Hoy que es Navidad, si ella pudiese estar en casa con los suyos, en verdad te digo que lo estaría". El barman miró de nuevo a la niña pensando en lo que el niño había dicho. Luego de algunos segundos, fue a la caja registradora y sacó todo el dinero que había ahí. Salió del bar, cruzó la pista y siguió a la niña que había avanzado unos cuantos metros. Todos los que estaban en el bar pudieron ver cuando él hablaba con la niña. Luego, llamó a un taxi, la hizo subir a él y le dijo al chofer: "Al aeropuerto Kennedy". Mientras que el taxi se perdía en medio de los demás autos, volteó para buscar al niño, pero él ya se había ido. Regresó al bar y preguntó a todos si alguien había visto a donde se había ido el chico, pero como él, todos estaban viendo como se perdía el taxi en las calles. Y luego alguien comentó entre risas que el milagro más increíble del mundo sucedió, pues durante el resto de la noche, nadie pagó por un trago. El ángel voló de nuevo. Subió al cielo y puso en las manos de Dios lo que finalmente había encontrado para Él: el deseo de una alma por la felicidad de otro. Y Dios Padre sonrió. Orquesta Siberiana (La Nochebuena y otras historias)

jueves, 7 de diciembre de 2017

EL SUEÑO

Tuve un sueño, José.... no lo pude comprender, realmente no, pero creo que se trataba del nacimiento de nuestro Hijo; creo que si era acerca de eso. La gente estaba haciendo los preparativos con seis semanas de anticipación. Decoraban las casas y compraban ropa nueva. Salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos. Era muy peculiar, ya que todos los regalos no eran para nuestro Hijo. Los envolvían con hermosos papeles y los ataban con preciosos moños, todo lo colocaban debajo de un árbol. Si, un árbol, José, dentro de una casa. Esta gente estaba decorando el árbol también. Las ramas llenas de esferas y adornos que brillaban. Había una figura en lo alto del árbol, me parecía ver una estrella o un ángel, oh! Era verdaderamente hermoso. Toda la gente estaba feliz y sonriente. Todos estaban emocionados por los regalos; se los intercambiaban unos con otros José, pero, no quedó alguno para nuestro Hijo. Sabes, creo que ni siquiera lo conocen, pues nunca mencionaron su nombre; ¿no te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen?. Tuve la extraña sensación de que si nuestro Hijo hubiera estado en la celebración, hubiese sido un intruso solamente. Todo estaba tan hermoso José y todos tan felices, pero yo sentí enormes ganas de llorar. Que tristeza para Jesús no querer ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños. Estoy contenta porque sólo fue un sueño, pero que terrible José, si esto hubiera sido realidad.

martes, 5 de diciembre de 2017

CARTA

Querido Amigo: Hola, te amo mucho. Como sabrás, nos estamos acercando otra vez a la fecha en que festejan mi nacimiento. El año pasado hicieron una gran fiesta en mi honor y me da la impresión que este año ocurrirá lo mismo. A fin de cuentas ¡llevan meses haciendo compras para la ocasión y casi todos los días han salido anuncios y avisos sobre lo poco que falta para que llegue! La verdad es que se pasan de la raya, pero es agradable saber que por lo menos un día del año, piensan en mí. Ha transcurrido ya mucho tiempo cuando comprendían y agradecían de corazón lo mucho que hice por toda la humanidad. Pero hoy en día, da la impresión de que la mayoría de la gente apenas si sabe por qué motivo se celebra mi cumpleaños. Por otra parte, me gusta que la gente se reúna y lo pase bien y me alegra sobre todo que los niños se diviertan tanto; pero aún así, creo que la mayor parte no sabe bien de qué se trata. ¿No te parece? Como lo que sucedió, por ejemplo, el año pasado: al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta, pero ¿Puedes creer que ni siquiera me invitaron? ¡Imagínate! ¡Yo era el invitado de honor! ¡Pues se olvidaron por completo de mí!. Resulta que habían estado preparándose para las fiestas durante dos meses y cuando llegó el gran día me dejaron al margen. Ya me ha pasado tantísimas veces que lo cierto es que no me sorprendió. Aunque no me invitaron, se me ocurrió colarme sin hacer ruido. Entré y me quedé en mi rincón. ¿Te imaginas que nadie advirtió siquiera mi presencia, ni se dieron cuenta de que yo estaba allí? Estaban todos bebiendo, riendo y pasándolo en grande, cuando de pronto se presentó un hombre gordo vestido de rojo y barba blanca postiza, gritando: "¡jo, jo, jo!". Parecía que había bebido más de la cuenta, pero se las arregló para avanzar a tropezones entre los presentes, mientras todos los felicitaban. Cuando se sentó en un gran sillón, todos los niños, emocionadísimos, se le acercaron corriendo y diciendo: ¡Santa Clos! ¡Cómo si él hubiese sido el homenajeado y toda la fiesta fuera en su honor! Aguanté aquella "fiesta" hasta donde pude, pero al final tuve que irme. Caminando por la calle me sentí solitario y triste. Lo que más me asombra de cómo celebra la mayoría de la gente el día de mi cumpleaños es que en vez de hacer regalos a mí, ¡se obsequian cosas unos a otros! y para colmo, ¡casi siempre son objetos que ni siquiera les hacen falta! Te voy a hacer una pregunta: ¿A tí no te parecería extraño que al llegar tu cumpleaños todos tus amigos decidieron celebrarlo haciéndose regalos unos a otros y no te dieran nada a tí? ¡Pues es lo que me pasa a mí cada año! Una vez alguien me dijo: "Es que tú no eres como los demás, a ti no se te ve nunca; ¿Cómo es que te vamos a hacer regalos?". Ya te imaginarás lo que le respondí. Yo siempre he dicho "Pues regala comida y ropa a los pobres, ayuda a quienes lo necesiten. Ve a visitar a los huérfanos, enfermos y a los que estén en prisión!". Le dije: "Escucha bien, todo lo que regales a tus semejantes para aliviar su necesidad, ¡Lo contaré como si me lo hubieras dado a mí personalmente!" (Mateo 25,34-40). Muchas personas en esta época en vez de pensar en regalar, hacen bazares o ventas de garaje, donde venden hasta lo que ni te imaginas con el fin de recaudar hasta el último centavo para sus nuevas compras de Navidad. Y pensar todo el bien y felicidad que podrían llevar a las colonias marginadas, a los orfanatorios, asilos, penales o familiares de los presos. Lamentablemente, cada año que pasa es peor. Llega mi cumpleaños y sólo piensan en las compras, en las fiestas y en las vacaciones y yo no pinto para nada en todo esto. Además cada año los regalos de Navidad, pinos y adornos son más sofisticados y más caros, se gastan verdaderas fortunas tratando con esto de impresionar a sus amistades. Esto sucede inclusive en los templos. Y pensar que yo nací en un pesebre, rodeado de animales porque no había más. Me agradaría muchísimo más nacer todos los días en el corazón de mis amigos y que me permitieran morar ahí para ayudarles cada día en todas sus dificultades, para que puedan palpar el gran amor que siento por todos; porque no sé si lo sepas, pero hace 2 mil años entregué mi vida para salvarte de la muerte y mostrarte el gran amor que te tengo. Por eso lo que pido es que me dejes entrar en tu corazón. Llevo años tratando de entrar, pero hasta hoy no me has dejado. "Mira yo estoy llamando a la puerta, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos". Confía en mí, abandónate en mí. Este será el mejor regalo que me puedas dar. Gracias Tu amigo Jesús

domingo, 3 de diciembre de 2017

el sueño de la virgen

José, anoche tuve un sueño muy extraño, como una pesadilla. La verdad es que no lo entiendo. Se trataba de una fiesta de cumpleaños de nuestro Hijo.
La familia se había estado preparando por semanas decorando su casa. Se apresuraban de tienda en tienda comprando toda clase de regalos. Parece que toda la ciudad estaba en en lo mismo porque todas las tiendas estaban abarrotadas. Pero algo me extrañó mucho: ninguno de los regalos era para nuestro Hijo.
Envolvieron los regalos en papeles lindísimos y les pusieron cintas y lazos muy bellos. Entonces los pusieron bajo un árbol. Si, un árbol, José, ahí mismo dentro de su casa. También decoraron el árbol; las ramas estaban llenas de bolas de colores y ornamentos brillantes. Había una figura en el tope del árbol. Parecía un angelito. Estaba precioso.
Por fin, el día del cumpleaños de nuestro Hijo llegó. Todos reían y parecían estar muy felices con los regalos que daban y recibían. Pero fíjate José, no le dieron nada a nuestro Hijo. Yo creo que ni siquiera lo conocían. En ningún momento mencionaron su nombre. ¿No te parece raro, José, que la gente pase tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen? Me parecía que Jesús se habría sentido como un intruso si hubiera asistido a su propia fiesta de cumpleaños.
Todo estaba precioso, José y todo el mundo estaba tan feliz, pero todo se quedó en las apariencias, en el gusto de los regalos. Me daban ganas de llorar que esa familia no conocía a Jesús. ¡Qué tristeza tan grande para Jesús - no ser invitado a Su propia fiesta!Estoy tan contenta de que todo era un sueño, José. ¡Qué terrible si ese sueño fuera realidad!

viernes, 1 de diciembre de 2017

EL REGALO

Un amigo mío llamado Pablo recibió un automóvil de parte de su hermano como regalo de Navidad. En Nochebuena cuando Pablo salió de su oficina, un pilluelo estaba caminando alrededor del flamante auto nuevo, admirándolo. "¿Es este su auto señor?" preguntó. Pablo asintió. "Mi hermano me lo regaló por Navidad." El joven estaba asombrado. "¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y que no le costó ni un centavo?, vaya, ya quisiera." Vaciló. Claro que Pablo sabía lo que deseaba. Deseaba tener un hermano como el suyo. Pero lo que el muchacho le dijo sacudió a Pablo hasta sus talones. "Desearía," continuó el chico, "poder ser un hermano como el suyo". Pablo miró al muchacho sorprendido, e impulsivamente añadió, "¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?" "Claro que sí, me encantaría". Luego de un corto paseo, el jovencito se volvió y con los ojos encendidos, dijo, "Señor, ¿le importaría manejarlo frente a mi casa?" Pablo sonrió ligeramente. Creyó saber lo que el mozalbete quería. Quería mostrar a sus vecinos que podía llegar a casa en un gran automóvil. Pero se equivocó nuevamente. "¿Podría detenerse donde están esas dos gradas?" preguntó el muchacho. Subió los escalones. Pronto Pablo lo oyó regresar, pero no venía rápido. Estaba cargando a su pequeño hermano lisiado. Lo sentó al final de la grada, luego como que lo giró para que pueda ver el auto. "Ahí está amiguito, como te dije adentro. Su hermano se lo regaló por Navidad y no le costó un centavo. Y algún día yo te voy a regalar uno igual a éste.así podrás ver todas las hermosas cosas en las ventanas navideñas que te he estado tratando de describir." Pablo salió y levantó al muchachito y lo sentó en el asiento delantero de su auto. Luego su hermano mayor subió atrás y los tres empezaron un gran paseo navideño. Esa Nochebuena, Pablo aprendió lo que Jesús quería decir cuando dijo, "Hay mayor alegría en dar." Dan Clark

jueves, 30 de noviembre de 2017

OTRA TIENDA...

De prisa, entré en la tienda por departamentos a comprar unos regalos de Navidad a última hora. Miré a mi alrededor toda la gente que allí había y me molesté un poco. "Estaré aquí una eternidad; con tanto que tengo que hacer pensé". La Navidad se había convertido ya casi en una molestia. Estaba deseando dormirme por todo el tiempo que durara la Navidad. Pero me apresuré lo más que pude por entre la gente en la tienda. Entré en el departamento de juguetes. Otra vez más, me encontré murmurando para mi misma, sobre los precios de aquellos juguetes. Me pregunté si mis nietos jugarían realmente con ellos. De pronto, me encontré en la sección de muñecas. En una esquina, me encontré un niño, como de 5 años, sosteniendo una preciosa muñeca. Estaba tocándole el cabello y la sostenía muy tiernamente. No me pude aguantar; me quedé mirándolo fijamente y preguntándome para quien sería la muñeca que sostenía, cuando de pronto se le acercó una mujer, a la cual él llamo tía. El niño le preguntó: "¿Estás segura que no tengo dinero suficiente?" Y la mujer le contestó, con un tono impaciente: "Tu sabes que no tienes suficiente dinero para comprarla." La mujer le dijo al niño que se quedara allí donde estaba mientras ella buscaba otras cosas que le faltaban. El niño continuó sosteniendo la muñeca. Después de un ratito, me le acerqué y le pregunté al niño para quien era la muñeca. El me contestó: "Esta muñeca es la que mi hermanita deseaba con tanto anhelo para Navidad. Ella estaba segura que Santa Claus se la iba a traer." Yo le dije que lo más seguro era que Santa Claus se la traería. Pero él me contestó: "No, Santa no puede ir a donde mi hermanita está. Yo le tengo que dar la muñeca a mi mamá para que ella se la lleve a mi hermanita. Yo le pregunté donde estaba su hermana. El niño, con una cara muy triste me contestó: "Ella se ha ido con Jesús. Mi papá dice que mamá se va a ir con ella también." Mi corazón casi deja de latir. Volví a mirar al niño una y otra vez. El continuó: "Le dije a Papá que le dijera a Mamá que no se fuera todavía. Le dije que le dijera a ella que esperara un poco hasta que yo regresara de la tienda." El niño me preguntó si quería ver su foto y le dije que me encantaría. Entonces, él sacó unas fotografías que tenía en su bolsillo y que había tomado al frente de la tienda y me dijo: "Le dije a Papá que le llevara estas fotos a mi mamá para que ella nunca se olvide de mi. Quiero mucho a mi mamá y no quisiera que ella se fuera. Pero papá dice que ella se tiene que ir con mi hermanita." Me di cuenta que el niño había bajado la cabeza y se había quedado muy callado. Mientras él no miraba, metí la mano en mi cartera y saqué unos billetes. Le dije al niño que contáramos el dinero otra vez. El niño se entusiasmó mucho y comentó: "Yo sé que es suficiente." Y comenzó a contar el dinero otra vez. El dinero ahora era suficiente para pagar la muñeca. El niño, en una voz muy suave, comentó: "Gracias Jesús por darme suficiente dinero." El niño entonces comentó: "Yo le acabo de pedir a Jesús que me diera suficiente dinero para comprar esta muñeca, para que así mi Mamá se la pueda llevar a mi hermanita. Y El oyó mi oración. Yo le quería pedir dinero suficiente para comprarle a mi Mamá una rosa blanca también, pero no lo hice. Pero Él me acaba de dar suficiente para comprar la muñeca y la rosa para mi mamá. A ella le gustan mucho las rosas. Le gustan mucho las rosas blancas." En unos minutos la tía regresó y yo, desapercibidamente, me fui. Mientras terminaba mis compras, con un espíritu muy diferente al que tenía al comenzar las compras, no podía dejar de pensar en el niño. Seguí pensando en una historia que había leído en el periódico unos días antes, acerca de un accidente causado por un conductor ebrio, el cual había provocado un accidente donde había perecido una niñita y su mamá estaba en estado de gravedad. Me di cuenta de inmediato que este niño pertenecía a esa familia. Dos días más tarde leí en el periódico que la mujer del accidente había muerto. No me podía quitar de la mente al niño. Mas tarde ese día, fui y compré un ramo de rosas blancas y las llevé a la funeraria donde estaba el cuerpo de la mujer. Y allí estaba, la mujer del periódico, con una rosa blanca en su mano, una hermosa muñeca, y la foto del niño en la tienda. Me fui llorando... mi vida había cambiado para siempre. El amor de aquel niño por su madre y su hermana era enorme. En un segundo, un conductor ebrio le había destrozado la vida en pedazos a aquel niño. Ahora tu tienes la opción, tu puedes ayudar a alguien más: "Los amigos son ángeles que nos ayudan a ponernos de pie otra vez cuando nuestras alas se olvidan como volar"

miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA TIENDA

Con motivo de la Navidad fui de compras buscando cuales serían los regalos que necesitaba adquirir para mis seres queridos. Buscaba algo diferente este año. Un regalo que al recibirlo les causara alegría, satisfacción y que pudieran utilizar por toda su vida. Finalmente, después de varios días de estar buscando vi un letrero que decía "La tienda del cielo", me fui acercando y la puerta se fue abriendo. Cuando me di cuenta ya estaba adentro. Me recibió un Angel dándome una canasta y me dijo "compra con cuidado", todo lo que un cristiano necesita, estaba en aquella tienda. Y agregó el Angel: "lo que no puedas llevar ahora, lo podrás llevar después". Primero compré paciencia, también el amor, estaba en la última estantería, más abajo estaba el gozo, para estar siempre alegre. Compre dos cajas de paz para mantenerme tranquilo y dos bolsas repletas de fe para los retos de próximo año. Recordé que necesitaba mostrar benignidad, bondad y mansedumbre con mis semejantes; así mismo, no podía olvidarme la templanza necesaria para controlar mi temperamento en todo momento de modo que compre una de cada una. Llegué por fin a la salida y le pregunté al Angel: "¿Cuánto le debo?". Él me sonrió y me respondió: "Hijo Mío, ¡JESÚS pagó tu deuda hace mucho tiempo!" Hijo, tu eres la tienda y puedes abrirla todos los días, el Angel soy Yo, el Espíritu Divino que mora dentro de ti, y los regalos son el fruto del Espíritu. Antes que despiertes de tu sueño quiero compartirte el verdadero sentido de la Navidad. Escucha con cuidado. Estos regalos son especiales para esta ocasión, pero si los abres durante todo el año, te producirán gran gozo a tí y a los que se los compartas. Más importante aún. Te has dado cuenta que tu hijo (a) hace más caso de lo que le enseñas con el ejemplo de que lo que le dices que haga. Bueno, si tu empiezas abrir estos regalos durante todo el año, él (ella) te va empezar a imitar y así sus hijos y los hijos de sus hijos. Cuando despiertes, ¡comparte este sueño con todas las personas que puedas!.

lunes, 27 de noviembre de 2017

EL RATON INQUIETO

Enriqueto era un ratoncito tímido, de pelaje negro, dientes torcidos, ojos bizcos y oreja maltrecha. Se quedó huérfano de padre y madre y creció en compañía de otros ratones que hacían lo que podían para sobrevivir en un mercado de la ciudad de Guatemala. El día de Nochebuena, como de costumbre tenían hambre y decidieron salir a buscar comida entre los desperdicios de los contenedores que la gente iba llenando alrededor del mercado. Nuestro amigo Enriqueto, que era muy hábil para detectar olores y sabores, era el jefe de la cuadrilla de buscadores y el que más y mejor comida conseguía para la familia ratonil. Esa mañana logró reunir trozos de jamón, pizza, chorizo, frijoles volteados, nachos, platanitos cocidos, pan francés y unas cuantas galletas navideñas. - ¡Qué placer!, dijo Enriqueto. Todos sus amigos se reunieron y empezaron su banquete navideño. Comieron hasta que casi reventaban sus panzas rechonchas y peludas. Al filo de las 8 de la noche, ya ni se movieron en sus cuevas de lo llenos que estaban. Sin embargo, Enriqueto decidió salir a ver si conseguía algo de postre. Cuando estaba por allí merodeando… ¡¡¡PUM!!!... lo atropelló un coche. Salió disparado al otro lado de la carretera y notó que algo caliente le salía del cuerpo. Tiene que ser sangre. Dios mío...me estoy muriendo... a donde iré a ir a parar: al cielo de los ratones o allí abajo ¿donde se asan?..., empezó a pensar Enriqueto. En esas estaba cuando ya no sintió nada más y desfalleció.... Cuando por fin abrió sus ojos, se vio rodeado de ratones vestidos de blanco, y dijo: "Entonces sí me morí y debo estar en el cielo". De pronto uno de ellos le habló, diciendo: - ¡¡Manito Enriqueto...por fin abriste tus ojos...estás vivo!! Un buen susto fue el que se llevó Enriqueto. Y lo que realmente había pasado fue que cuando sus compañeros oyeron que un coche se había estrellado contra el contenedor de basura que registraba Enriqueto, le vieron tendido en la acera. Inmediatamente lo cogieron y se lo llevaron a su cueva, le frotaron con alcohol el pecho, le estiraron las piernas y lo calentaron con mentol y candelas para que entrara en calor. Enriqueto, al verse vivo, no paraba de llorar de la alegría y juró no volver a portarse mal y ser tan glotón y comilón. Moraleja: La gula no es buena, siempre nos meterá en problemas. Come con moderación y da gracias a Dios por lo que envía a tu mesa. Johanna Martinez de Imeri, Guatemala

miércoles, 25 de octubre de 2017

TRES...

Érase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos. El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: "Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. Yo seré el baúl de tesoros mas hermoso del mundo". El segundo arbolito observó un pequeño arroyo en sus camino hacia el mar y dijo: "Yo quiero viajar a través de mares inmensos y llevar a reyes poderosos sobre mi. Yo seré el barco mas importante del mundo". El tercer arbolito miró hacia el valle y vio a hombres agobiados de tantos infortunios, fruto de sus pecados y dijo: "Yo no quiero jamas dejar la cima de la montaña. Quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se detenga a mirarme, levantarán su mirada al cielo y pensaran en Dios. Yo seré el árbol mas alto del mundo".Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles se convirtieron en majestuosos cedros. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: "¡Qué árbol tan hermoso!", y con la arremetida de su brillante hacha el primer árbol cayó. "Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso, voy a contener tesoros maravillosos", dijo el primer árbol. Otro leñador miró al segundo árbol y dijo: "¡Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mi!". Y con la arremetida de su brillante hacha, el segundo árbol cayó. "Ahora deberé navegar mares inmensos", pensó el segundo árbol, "Deberé ser el barco mas importante para los reyes mas poderosos de la tierra". El tercer árbol sintió su corazón hundirse de pena cuando el último leñador se fijó en el. El árbol se paró derecho y alto, apuntando al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba, y dijo: "¡Cualquier árbol me servirá para lo que busco!". Y con la arremetida de su brillante hacha, el tercer árbol cayó. El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó al taller, pero pronto vino la tristeza. El carpintero lo convirtió en una mero pesebre para alimentar las bestias. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni contuvo piedras preciosas. Fue solo usado para poner el pasto. El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero. Pero no estaba junto al mar sino a un lago. No habían por allí reyes sino pobres pescadores. En lugar de convertirse en el gran barco de sus sueños, hicieron de el una simple barcaza de pesca, demasiado chica y débil para navegar en el océano. Allí quedó en el lago con los pobres pescadores que nada de importancia tienen para la historia.. Pasó el tiempo. Una noche, brilló sobre el primer árbol la luz de una estrella dorada. Una joven puso a su hijo recién nacido en aquel humilde pesebre. "Yo quisiera haberle construido una hermosa cuna", le dijo su esposo... La madre le apretó la mano y sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba al niño que apaciblemente dormía sobre la paja y la tosca madera del pesebre. "El pesebre es hermoso" dijo ella y, de repente, el primer árbol comprendió que contenía el tesoro mas grande del universo. Pasaron los años y una tarde, un gentil maestro de un pueblo vecino subió con unos pocos seguidores a bordo de la vieja barca de pesca. El maestro, agotado, se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente sobre el lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta se abatió sobre ellos. El segundo árbol se llenó de temor pues las olas eran demasiado fuertes para la pobre barca en que se había convertido. A pesar de sus mejores esfuerzos, le faltaban las fuerzas para llevar a sus tripulantes seguros a la orilla. ¡Naufragaba!. ¡que gran pena, pues no servía ni para un lago!. Se sentía un verdadero fracaso. Así pensaba cuando el maestro, sereno, se levanta y, alzando su mano dio una orden: "calma". Al instante, la tormenta le obedece y da lugar a un remanso de paz. De repente el segundo árbol, convertido en la barca de Pedro, supo que llevaba a bordo al rey del cielo, tierra y mares. El tercer árbol fue convertido en sendos leños y por muchos años fueron olvidados como escombros en un oscuro almacén militar. ¡Qué triste yacía en aquella penuria inutil, qué lejos le parecia su sueño de juventud! De repente un viernes en la mañana, unos hombres violentos tomaron bruscamente esos maderos. El tercer árbol se horrorizó al ser forzado sobre las espaldas de un inocente que había sido golpeado sin misericordia. Aquel pobre reo lo cargó, doloroso, por las calles ante la mirada de todos. Al fin llegaron a una loma fuera de la ciudad y allí le clavaron manos y pies. Quedo colgado sobre los maderos del tercer árbol y, sin quejarse, solo rezaba a su Padre mientras su sangre se derramaba sobre los maderos. el tercer árbol se sintió avergonzado, pues no solo se sentía un fracasado, se sentía además cómplice de aquél crimen ignominioso. Se sentía tan vil como aquellos blasfemos ante la víctima levantada. Pero el domingo en la mañana, cuando al brillar el sol, la tierra se estremeció bajo sus maderas, el tercer árbol comprendió que algo muy grande había ocurrido. De repente todo había cambiado. Sus leños bañados en sangre ahora refulgían como el sol. ¡Se llenó de felicidad y supo que era el árbol mas valioso que había existido o existirá jamás pues aquel hombre era el rey de reyes y se valió de el para salvar al mundo! La cruz era trono de gloria para el rey victorioso. Cada vez que la gente piense en él recordarán que la vida tiene sentido, que son amados, que el amor triunfa sobre el mal. Por todo el mundo y por todos los tiempos millares de árboles lo imitarán, convirtiéndose en cruces que colgarán en el lugar mas digno de iglesias y hogares. Así todos pensarán en el amor de Dios y, de una manera misteriosa, llegó a hacerse su sueño realidad. El tercer árbol se convirtió en el mas alto del mundo, y al mirarlo todos pensarán Dios. Especial de Adviento

sábado, 14 de octubre de 2017

ADVIENTO 2017

«Señales son del Juicio...» ¿Qué es este desvariar sino un barrunto del Juicio preterido y de su adviento? ¿Qué tanto reconcomio? ¿El elemento en que arden Malo y reos todo junto? Este acrecido y sí ruinoso asunto de voces sin palabra y sin acento, ¿qué anuncia sino el trágico momento en que caerá aquel lazo en el conjunto? El hombre que no sabe y sólo siente, cuyo derecho sigue a su talante y cuya volición es su regente, desdeñará adorar al Dios infante que en el misterio augusto de Belén, te- rrena humillación vuelve radiante y, a cambio, con los ojos de su mente y sus sentidos todos, y el semblante más pávido que nunca y más doliente, reclamará cobijo a mar y monte ante la tempestad, que no relente, del Juez invicto como el horizonte que viene a interpelar a toda gente. Fray Benjamín de la Segunda Venida

jueves, 8 de diciembre de 2016