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domingo, 14 de agosto de 2022

MACARIO

Macario es una película mexicana de 1960, dirigida por Roberto Gavaldón. Trata sobre acontecimientos en la relación entre el indígena Macario (Ignacio López Tarso) y la Muerte (Enrique Lucero). Se trata de una adaptación de la novela de B. Traven, con un final en el que se nota la influencia del cuento de La muerte madrina, (también conocido como El ahijado de la muerte) de los Hermanos Grimm1, cuento del cual derivó la obra de B. Traven2. Se ambienta en la época del virreinato de la Nueva España del siglo XVIII, durante la víspera del Día de Muertos.

lunes, 2 de noviembre de 2020

martes, 28 de mayo de 2019

Empoderar, promover la autonomía, respetar los criterios de cada uno, aliviar el sufrimiento evitable, eliminar el dolor, procurar soporte emocional y espiritual… son categorías propias de la relación de ayuda inspirada en la psicología humanista y desde un modelo integrativo...Por José Carlos Bermejo Estas categorías también se encuentran en propuestas que justifican que el final de la vida ha de ser de gestión propia hasta poder solicitar ayuda en algunas circunstancias, y que el médico procure la muerte.

La proposición, que se aprobó en el Parlamento de Cataluña el pasado mes de julio, insta a modificar el apartado 4 del artículo 143 del Código Penal para despenalizar la eutanasia y la ayuda al suicidio y exonerar de responsabilidad penal.

El Pleno del Congreso de los Diputados dio el primer paso para iniciar la despenalización de la eutanasia en casos terminales o patologías graves e incurables, gracias al apoyo expresado por la mayor parte de los grupos a la proposición de ley del Parlamento de Cataluña.

Vivir dignamente el morir

Es cierto que la vida no es un valor absoluto, y que la calidad de vida a veces es muy precaria, según la perciben algunas personas. Es cierto que la dignidad es la base filosófica en la que se apoyan todos los derechos humanos, si bien no es lo mismo la dignidad ética que la dignidad ontológica. 

Ahora bien, la vida ¿es un bien exclusivamente individual, de total gestión individual, o es un bien social, también en la fragilidad? ¿Quiénes somos los seres humanos unos para otros: cuidadores y protectores de la vida, o potenciales eliminadores de la vida? ¿Quién es el médico? ¿Es también el que procura la muerte, aunque sea por compasión y a solicitud del paciente? ¿Por qué hacer leyes sobre algo que afecta a pocos y no procuramos los cuidados que generen el escenario mejor para todos al final de la vida? La OMS recomienda no empezar la casa por el tejado. La dignidad no es solo un calificativo de algunas formas de vivir y de morir (más o menos dignas), sino el fundamento de todos los derechos (ONU).

No solo se muere dignamente cuando se decide cuándo morir. La palabra dignidad interpela no solo al ejercicio máximo de la autonomía de cada uno, sino al modo como nos cuidamos en la fragilidad. Cuidamos más o menos dignamente. Lo hacemos menos, cuando no atendemos a las personas eliminando los síntomas que producen displacer. Cuidamos menos dignamente cuando verificamos que aumentan los deseos de morir en lugar de los deseos de reconocerse necesitado de relaciones significativas y de cuidado entrañable. Atendemos menos dignamente cuando exageramos en el uso de tecnología al servicio de procesos de enfermedad y deterioro sin calcular adecuadamente la proporcionalidad, la justicia en el manejo de los recursos, el proyecto vital de cada persona y su entorno. Desplegamos menos dignidad cuando desplegamos insuficiente paliatividad en la cultura y en los programas y servicios de salud.

Uno de nuestros estudios, del Centro de Humanización de la Salud, realizado después de la promulgación de la Ley Derechos y Garantías de las Personas en el proceso de Morir de la Comunidad de Madrid, nos muestra que hay un mayor conocimiento social de lo que es ilegal que de lo que es legal, arrojando resultados preocupantes sobre el concepto de sedación paliativa y confundiendo el concepto de adecuación del esfuerzo terapéutico. 
Estos estudios muestran confusión en los términos y espacios borrosos entre eutanasia, suicidio asistido, limitación del esfuerzo técnico y sedación. Necesitamos acciones formativas, medios que ayuden a clarificar y que comuniquen con rigor. 
Desde la religión católica podemos decir que nuestra fe es una propuesta de seguimiento coherente y comunitario de Jesús, que pasó por la vida haciendo el bien, protegiendo la vida, particularmente la vida frágil de enfermos, personas con discapacidad; que la tradición católica es ejemplar en coherencia práctica, más que teórica: infinidad de hombres y mujeres seguidores de Jesús (entre ellos también religiosos y religiosas) han dedicado gran energía a cuidar enfermos y discapacitados, con esmero y buenas dosis de humanidad y que la razón última es que se mantiene el principio ético heredado del judaísmo: "no matarás" y "amarás..." 
Es difícil de sostener que la muerte digna sea solo la elegida determinando cuándo es el momento, a demanda. Morirse es propio de la dignidad del ser humano. No se muere dignamente solo cuando se decide cuándo. También es propio de la dignidad humana respetar el curso de la naturaleza y centrarse en paliar los síntomas que producen malestar cuidándonos y viviendo el proceso del morir.

Necesaria alfabetización ética

Uno de los grandes problemas radica en que hay mucha confusión terminológica. La verdadera necesidad es la de "alfabetización ética" en torno a los problemas éticos del final de la vida. Necesitamos promover una cultura donde haya más espacio para la paliatividad, para la prudencia, para la ponderación, para la búsqueda deliberada y discernida del bien y del mal. 

Según la ley que se discute, el paciente no tiene por qué estar en sus días finales de vida, sino que tiene que tener alguna dolencia o sufrimiento que le hace insostenible seguir viviendo. Los Cuidados paliativos son eficientes para el sistema sanitario, pero estamos aun esperando la implementación que lleve a satisfacer realmente las necesidades sociales. Los Cuidados paliativos se están desarrollando progresivamente en las Unidades y los Servicios a domicilio, pero no se cubren todas las necesidades. Es obvio que no son caros. Son eficientes para el sistema sanitario. Ahorran dinero ante otras posibilidades que por cultura o falta de cultura se dan en la realidad, como procesos pretendidamente curativos cuando lo que tocaría sería paliar. Y los cuidados paliativos no son solo para los enfermos terminales.

Al hablar de paliativos hay que pensar también en lo que esto significa de cultura, no solo de servicios sanitarios. Y la cultura paliativa está todavía en parte por construir en la ciudadanía, en los profesionales de la salud... Esta es una urgencia mayor: cultivar una sana actitud de cuidado integral a las personas con enfermedades avanzadas y sus familias y cuidar a los que cuidan. 
La OMS recomienda no empezar la casa por el tejado y empeñarse más en planes, programas y servicios de cuidados paliativos que caminar por la vía de la despenalización o legalización de la eutanasia. Una cultura de los cuidados podría ayudarnos a dar respuesta a la mayoría de las cuestiones que se plantean en medio del sufrimiento y al final de la vida y humanizar la asistencia en estos momentos.

Hoy se critica a quienes han podido sacralizar la vida a costa de cualquier cosa, pero se puede fácilmente caer en la sacralización de la autonomía, sin tener en cuenta que a los seres humanos nos define más la interdependencia que la autonomía. Somos porque nos hacemos unos a otros, porque nos ayudamos, porque nos miramos, nos reconocemos, nos aliviamos, nos cuidamos. Dejamos de ser en relación, cuando nos proclamamos el último y único referente.

Compartimos el reclamo universal de no sufrir evitablemente y ser acompañados y aliviados en el sufrimiento inevitable. Sobra mucho sufrimiento en la humanidad. El camino humanizador va por la senda de la cultura del cuidado integral, el cuidado de todo: el cuidado físico, el soporte espiritual, el cuidado emocional, el cuidado relacional. Cuidarnos es la clave humanizadora.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Mirar al sol. Actitudes ante la muerte

Yalom Irvin David, psiquiatra existencialista, tiene un libro que se titula Mirar al sol y su contenido se refleja en el subtítulo: La superación del miedo a la muerte. Por Alejandro Rocamora Lo puedes encontrar en Google, está en PDF. El autor parte de un pensamiento del filósofo francés François de la Rochefoucold: “Ni el sol ni la muerte se pueden mirar de frente”.
    
A través de esas páginas Yalom va desgranando su pensamiento sobre la muerte. En definitiva, nos viene a decir, que la muerte, como el sol, siempre está ahí y aunque no podamos mirarlo directamente, todo ser humano sabe que algún día morirá. Pero además, como el sol alimenta a la vida, la muerte nos enseña a vivir. Es desde nuestra finitud cómo debemos aprender a ser felices y disfrutar de la existencia.
    
Algunas personas viven como si nunca fueran a morir, entran en una dinámica de acumular riqueza, cuando la realidad es que la muerte siempre estará al final de nuestro camino. Y otros, por el contrario,  se encuentran en permanente angustia porque se sienten morir; incluso existen personas que desafían a la muerte con conductas de alto riesgo o bien ponen su entusiasmo en la recompensa final.

Actitudes ante la muerte

Castilla del Pino (1995) distingue entre morir y morirse. Es decir, morir es un hecho biológico que se produce a lo largo de toda la biografía del sujeto y por lo tanto es una cuestión del organismo, y morirse es una experiencia que sólo se adquiere cuando nos estamos muriendo. El mismo autor señala cuatro actitudes básicas ante la expectativa de la muerte (morir): de miedo; de angustia; de negación y de afirmación. Sin embargo, la actitud en el morirse, la mayoría de las veces es de “perfecto asentimiento”. Y más adelante concluye Castilla del Pino (1995): “la actitud de resignación ante la muerte inevitablemente próxima, expresa entonces,... la incapacidad del sujeto  para elaborar el duelo ante la pérdida de ese objeto que es el yo ideal no logrado”. 
Freud (1915), en "Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte", señala que "la única manera de hablar de la muerte es negándola", aunque al final de ese mismo trabajo concluye: "si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte ".  Todo ser vivo, por su misma esencia, no puede concebir su muerte, su destrucción. En definitiva, nadie cree en su propia muerte, ya que en el fondo todos estamos convencidos de nuestra inmortalidad. Por esto, por mucho que intentemos representarnos nuestra propia muerte, siempre estaremos convencidos de que nuestra vida es un fin en sí misma. Es decir, la negación de la muerte no es una negación desde el punto de vista lógico (no se deja intelectualmente de aceptar el hecho de nuestra muerte), sino una actitud y, por tanto, una negación emocional. Por esto, vivimos como si no fuéramos a morir. 
Desde que el hombre existe, las actitudes ante la muerte han ido modificándose y adaptándose a la realidad histórica del momento. Pero, tanto el hombre primitivo como en el momento actual, siempre existe una actitud de ambivalencia, de deseo y de rechazo, de amor y de odio, hacia la muerte ; no obstante, mientras el hombre primitivo encontró una salida en su animismo, el hombre actual esa ambivalencia le lleva a la culpa y consiguientemente a la neurosis . 
Las actitudes ante la muerte están en función de numerosos factores. Entre ellos, cabe señalar la situación sociocultural y la edad de los individuos, además de la propia estructura de personalidad del sujeto. Pero todos los seres humanos coincidimos en una doble visión de la muerte : 1) que sobreviene siempre demasiado pronto y 2) que morir es sufrir. 
La vivencia de muerte, pues, pese al mecanismo de negación, es el vector que conduce nuestra vida. Pero, esa negación puede tener diversos ropajes: desde la preocupación, la ansiedad y el temor, que son las más comunes, hasta una hiperactividad (culto al trabajo), el narcisismo (culto a sí mismo) o la confianza ciega en la ciencia para evitar la muerte (culto a la técnica-médica). 
El hombre actual, en su afán  por aferrarse a esta vida, sacraliza el tener (en terminología de Fromm) sobre el ser. De aquí surge la hiperactividad, la hiperproducción o el  “trabajo maníaco” (Yalom, 1984) como una forma de defensa de la cruda realidad de nuestra finitud. A través de poseer muchas cosas (riqueza, poder, etc.) es como el hombre contemporáneo intenta negar su caminar hacia la nada. 
En otras ocasiones, es el repliegue sobre sí mismo lo que hace pensar al sujeto en su inmortalidad; es un amor desmesurado hacia uno mismo que puede tener dos manifestaciones psicopatológicas: el temor fóbico hipocondríaco o la negación de cualquier señal de enfermedad. El cuerpo se convierte en lo más importante de la vida del individuo y sobre él giran todas las demás vivencias. El cuerpo es el punto de mira de toda la actividad de la persona. El individuo se siente único, irrepetible.    
La otra actitud es el contrapunto de ésta: es una huída hacia adelante, olvidando las más elementales medidas higiénico-sanitarias para prevenir la enfermedad, o minimizando las conductas de "alto riesgo" (alcoholismo, tabaquismo, etc). 
Una tercera salida ante la muerte es la "creencia en un salvador”, que se puede concretizar en el envestimiento mágico que se hace de la técnica- médica y de los hospitales. Es curioso constatar, a este respecto, como hoy día se da más valor a los instrumentos de diagnóstico y tratamiento que a la propia acción personal del médico. Los "medios técnicos" han suplantado al "ojo clínico" y a la relación personal con el profesional de la salud. En otras ocasiones, la persona intentará refugiarse en sus creencias religiosas, éticas o filosóficas para neutralizar su angustia ante la muerte. Su alianza con un "Dios" o una idea superior le puede servir como sostén en sus últimos años de existencia.

Actitudes ante “el morirse”

En un sentido amplio la asistencia a la muerte debería empezar desde el principio de la vida. Deberíamos ir comprendiendo que la muerte no es algo distinto a la vida, sino una fase más de la misma. Así, la muerte no tendría la connotación de tragedia, sino se asumiría como un proceso de culminación de la propia existencia.

No obstante, en sentido restrictivo, la asistencia al moribundo debe proporcionar los medios adecuados para que el enfermo consiga por sí mismo una visión de su propio morir. En primer lugar, deberíamos ser como el espejo donde el enfermo moribundo pueda reflejar su angustia sin que la imagen se deforme, sin que su angustia se incremente. Nadie puede vivir, ni amar por otro. Tampoco nadie puede morir por otro. Es un acto que podemos realizar en compañía (junto a otros) pero en soledad con uno mismo.

Suscribimos enteramente el pensamiento de Gafo (1984) cuando afirma: 
“ayudar a morir humanamente significa tener la capacidad para acompañar al enfermo, para compartir  y asumir sus angustias y miedos, para ir discerniendo qué es lo que el enfermo desea conocer, cuándo hay que acentuar o recortar sus esperanzas, en que momento es mejor dejar al paciente sin respuestas, sin falsos ánimos, ya que ha llegado a descubrir la verdad sobre su vida y su muerte”.

El médico, el personal de enfermería y la misma familia deben intensificar sus acciones para encontrar también sentido a su propia muerte. Así, para el médico la muerte de un paciente no debe suponer una batalla perdida, sino la posibilidad de ayudar a una persona a encontrar sentido a su vida. Por esto, el dolor físico debe ser aliviado, en tanto en cuanto es un impedimento para alcanzar la paz y tranquilidad necesarias para afrontar la muerte.

En este período es imprescindible el contacto físico del enfermo con su familia. No obstante, se debería procurar ese difícil equilibrio entre dejarle el espacio de soledad necesario para morir, pero que muera en compañía.     
    
Mirar al sol

La actitud más saludable es “no mirar al sol” (no estar en angustia permanente) pero sin olvidar que está ahí y es la fuente de la vida y que somos finitos y por lo tanto debemos disfrutar de cada momento de la vida. Aunque es cierto que la muerte nos destruye, su presencia nos indica lo más valioso de la vida: la capacidad de disfrute.
    
Como el sol nos alimenta y calienta, la muerte, sin mirarla nos hace más humanos. Mi recomendación final es: ¡no mires al sol directamente (la muerte), pero no olvides que está ahí!

viernes, 5 de julio de 2013

"La Muerte de Martín Fierro"

Fragmento del Poema introductorio a,,,

"... El verbo que trajeron de Europa los abuelos,
Militantes briosos con chirridos de espadas,
Se asordinó de trémolos y de melancolías
En la llanura verde, sonora de la Pampa.

En ese mar inmóvil, imponente y fecundo,
Que promete y acoge, mas también amenaza,
Se ahogó sin ahogarse porque salvó la ropa
La dureza soberbia y el brío de la raza.

Con arcabuz y espuelas la conquista del indio
Era fácil -y un poco de catecismo;- para,
Conquistar la llanura, la montaña y el río-
No ,entendían latines el río Y: la montaña.

La tierra vengó al indio y humilló al inmigrante,
Impuso condiciones, testaruda y callada,
Para dar de su oscura ubre vital bebida
y frenar los antojos petulantes del tránsfuga.

La tierra dio frenillo balbuceante a la lírica
Volubilidad gárrula de la andaluza parla,
y en Martín Fierro la hizo de nuevo arcaizando
Pesada, sentenciosa, rítmica, castellana.

Y los prosaicos rudos y salvajes paisajes
y elementales como mercurio en. amalgama
Domaron sutilmente las imágenes cultas,
Contrarreformas, Reyes y otras diversas charlas.

"Y la lenta elegía de las tardes de lluvia"
Con los himnos fastuosos de las lunas de plata
Le dieron nuevo cuerpo, sano y bruto a la otra
Supercivilizadamente anémica alma.

Y los viajes inmensos y el vacuno y el trigo
y la lucha del viento, de la tierra y el agua
Limaban como lima sorda la antigua otra
Supercivilizadamente sonora alma.

Y el coraje diario, directo y primitivo,
y el olvidar salubre, que es ciencia y no ignorancia,
Bañaban de un bautismo telúrico la otra
Supercivilizadamente finchada alma.

Y somos españoles porque el alma es la misma,
Según dicen los sabios, pero el alma de España
Fue tragada tres veces por él polvo sin límites
y animó una diversa nueva y bárbara estatua.

Pues la tierra es la tierra, sin el cuerpo no hay hombre,
y asÍ, en una terrena metempsÍcosis bárbara,
Juan Manuel es Fernando, no el"Santo" ni el"Católico",
Si quieren; pero el brote directo desa rama..."

Leonardo Castellani, "La muerte de Martín Fierro",

martes, 2 de julio de 2013

el problema del dolor. Lewis


para quiutar hierro al tema, una de Cantinflas
El Señor Doctor

viernes, 4 de mayo de 2012

FISIOPATOLOGÍA DE CRISTO CRUCIFICADO











Los estudios médicos que tratan de explicar la causa de la muerte de Jesucristo, toman como material de referencia un cuerpo de literatura y no un cuerpo físico. Publicaciones sobre los aspectos médicos de su muerte se reportan desde el siglo I. Hoy día, con base a los conocimientos de la fisiopatología del paciente traumatizado, se puede llegar a inferir los cambios fisiológicos padecidos por Jesucristo durante su pasión y muerte. Los relatos bíblicos de la crucifixión descritos a través de los evangelios y documentación científica al respecto, describen que padeció y sufrió el más cruel de los castigos. El más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir un ser humano. Descubrimientos arqueológicos relacionados con las practicas romanas de la crucifixión. Proveen información valiosa que da verdadera fuerza histórica a la figura de Jesús, y a su presencia real en la historia del hombre. Históricamente este acontecimiento se inicia durante la celebración de la pascua judía, en el año 30 de nuestra era. La última cena se realizó el jueves 6 de abril (nisan 13). La crucifixión se llevo a cabo el 7 de abril (nisan 14). Los años del nacimiento y la muerte de Jesús permanecen en controversia.

HUERTO DE LOS OLIVOS. (GETSEMANI)
Los escritores sagrados describen la oración de GETSEMANI con enérgicas expresiones. Lo vivido por Jesús antes de ser tomado como prisionero, lo refieren como una mezcla indecible de tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza. Esto expresa una pena moral que ha llegado al mayor grado de su intensidad.Fue tal el grado de sufrimiento moral, que presentó como manifestación somática, física; sudor de sangre (hematihidrosis o hemohidrosis). “sudor de sangre, que le cubrió todo el cuerpo y corrió en gruesas gotas hasta la tierra”. (Lc 22, 43). Caso no usual en la practica médica. De presentarse está asociado a desordenes sanguíneos. Fisiológicamente es debida a congestión vascular capilar y hemorragias en las glándulas sudoriparas. La piel se vuelve frágil y tierna. Después de este primera situación ocasionada por la angustia intensa. Es sometido a un ayuno que durara toda la noche durante el juicio, y persistirá hasta su crucifixión.

FLAGELACIÓN
La flagelación era un preliminar legal para toda ejecución Romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre esta los golpes, nada perdiesen de su fuerza y golpeaban, sin compasión, sin misericordia alguna. El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos. Cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones y hematomas. Las cuerdas de cuero con los huesos de oveja, desgarraban la piel y el tejido celular subcutáneo .

Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada. Se creaban las condiciones para producir perdida importante de líquidos (sangre y plasma). Hay que tener en cuenta que la hematidrosis había dejado la piel muy sensible en Jesús. Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas. A Jesús, le fue colocada sobre su cabeza, como emblema irónico de su realeza una corona de espinas. En Palestina abundan los arbustos espinosos, que pudieron servir para este fin; se utilizó el Zizyphus o Azufaifo, llamado Spina Christi , de espinas agudas, largas y corvas. Le fue colocada una túnica sobre sus hombros (un viejo manto de soldado, que figuraba la púrpura de que se revestían los reyes, "clámide escarlata"), y una caña, parecida al junco de Chipre y de España como cetro en su mano derecha.

CRUCIFIXIÓN
El suplicio de la cruz es de origen oriental. Fue recibido de los persas, asirios y caldeos; por los, griegos, egipcios y romanos. Se modifico en varias formas en el transcurso de los tiempos. En principio fue un simple poste. Luego se fijo en el remate una horca (furca), de la que se suspendía el reo por el cuello. Después se adiciono un palo transversal (patibulum), tomando un nuevo aspecto. Según la forma en que el palo transversal se sujetara al palo vertical, se originaron tres clases de cruces:

- La crux decussata. Conocida como cruz de San Andrés, tenia la forma de X.
- La crux commissata. Algunos la llaman cruz de San Antonio, se parecía a la letra T.
- La crux immisa. Es la llamada cruz latina, que todos conocemos.

Se obligo a Jesús, como era la costumbre a cargar la cruz; desde el poste de flagelación al lugar de la crucifixión. La cruz pesaba más de 300 libras (136 kilos) sólo llevo el patíbulo que pesaba entre 75 y 125 libras. Fue colocado sobre su nuca y se balanceaba sobre sus dos hombros.Con agotamiento extremo y debilitado, tuvo que caminar un poco mas de medio kilómetro (entre 600 a 650 metros) para llegar al lugar del suplicio. El nombre en arameo es Golgotha, equivalente en hebreo a gulgolet que significa “lugar de la calavera”, ya que era una protuberancia rocosa, que tenia cierta semejanza con un cráneo humano, hoy se llama por la traducción latina calvario.Antes de comenzar el suplicio de la crucifixión, era costumbre dar una bebida narcótica (vino, con mirra, e incienso) a los condenados; con el fin de mitigar un poco sus dolores. Cuando presentaron a Jesús este brebaje, no quiso beberlo. ¿Que podría mitigar un dolor moral y físico tan intenso, cuando su cuerpo, todo policontundido, sólo esperaba enfrentar su último suplicio, sin alivio alguno, con pleno dominio de sí mismo? Con los brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas en el patíbulo. De esta forma, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo, eran probablemente puestos entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos carpíanos, ya sea cerca o a través del fuerte flexor retinaculum y los varios ligamentos intercarpales. En estos lugares aseguraban el cuerpo.

El colocar los clavos en las manos hacia que se desgarraran fácilmente puesto que no tenían un soporte óseo importante. La posibilidad de una herida periosea dolorosa fue grande, al igual que la lesión de vasos arteriales tributarios de la arteria radial o cubital. El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor en ambos brazos. El empalamiento de varios ligamentos provoco fuerte contracciones en la mano.

Los pies eran fijados al frente del estípete por medio de un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano. El nervio profundo peroneo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del pie fueron heridos.¿Se clavaron ambos pies con un solo clavo o se empleo un clavo para cada pie? También esta es una cuestión controvertida. Pero es mucho más probable que cada uno de los pies del salvador estuvo fijado a la cruz con clavo distinto. San Cipriano que, más de una vez había presenciado crucifixiones, habla en plural de los clavos que traspasaban los pies. San Ambrosio, San Agustín y otros mencionan expresamente los cuatro clavos que se emplearon para crucificar a Jesús. San Meliton de Sardes escribió: “los padecimientos físicos ya tan violentos al hincar los clavos, en órganos por extremo sensibles y delicados, se hacían aun más intensos por el peso del cuerpo suspendido de los clavos, por la forzada inmovilidad del paciente, por la intensa fiebre que sobrevenía, por la ardiente sed producida por esta fiebre, por las convulsiones y espasmos, y también por las moscas que la sangre y las llagas atraían” No han faltado quienes dijesen que los pies del salvador no fueron clavados, sino simplemente sujetos a la cruz con cuerdas; pero tal hipótesis tiene en contra, tanto el testimonio unánime de la tradición , que ve en el crucificado Jesús el cumplimiento de aquel, celebre vaticinio: "han taladrado mis manos y mis pies" (sal 21); como en los mismos evangelios, pues leemos en San Lucas (Lc 24, 39-40) “ved mis manos y mis pies; yo mismo soy; palpad y ved..Y, dicho esto, les mostró las manos y los pies”. Dice Bosssuet: ¿como describir los padecimientos morales que soportó nuestro Señor Jesús Cristo durante su horrorosa agonía? Cuando una muchedumbre de gente se saciaba sus ojos con el espectáculo de aquella agonía, acompañando con todo tipo de ultrajes que le colmaron hasta el último momento. Sufría al ver la mirada abnegada de su madre y sus amigos, a quienes sus dolores tenían sumidos en profunda tristeza. Todo Él era, digámoslo así, un tormento en sus miembros, en su espíritu, en su corazón y en su alma. De todas las muertes la de la cruz era la más inhumana, suplicio infamante, que en el imperio romano se reservaba a los esclavos (servile suppliciun). Después de las palabras en Getsemaní vienen las pronunciadas en el Gólgota, que atestiguan esta profundidad, única en la historia del mundo. Dios mío, Dios mío, ¿por que me has abandonado?" Sus palabras no son sólo expresión de aquel abandono, son palabras que repetía en oración y que encontramos en el salmo 22.

INTERPRETACION FISIOPATOLOGICA DE LA MUERTE DE JESUCRISTO
En la muerte de Jesús varios factores pudieron contribuir. Es importante tener en cuenta que fue una persona politraumatizada y policontundida; desde el mismo momento de la flagelación, hasta su crucifixión. El efecto principal de la crucifixión, aparte del tremendo dolor, que presentaba en sus brazos y piernas, era la marcada interferencia con la respiración normal, particularmente en la exhalación. El peso del cuerpo jalado hacia abajo, con los brazos y hombros extendidos, tendían a fijar los músculos intercostales a un estado de inhalación y por consiguiente afectando la exhalación pasiva. De esta manera la exhalación era primeramente diafragmatica y la respiración muy leve. Esta forma de respiración no era suficiente y pronto produciría, retención de CO2 (hipercapnia). Para poder respirar y ganar aire Jesús tenia que apoyarse en sus pies, tratar de flexionar sus brazos y después dejarse desplomar para que la exhalación se produjera. Pero al dejarse desplomar le producía igualmente una serie de dolores en todo su cuerpo. El desarrollo de calambres musculares o contracturas tetanicas debido a la fatiga y la hipercapnia afectaron aún más la respiración. Una exhalación adecuada requería que se incorporara el cuerpo empujándolo hacia arriba con los pies y flexionando los codos, aductando los hombros. Esta maniobra colocaría el peso total del cuerpo en los tarsales y causaría tremendo dolor. Más aún, la flexión de los codos causaría rotación en las muñecas en torno a los clavos de hierro y provocaría enorme dolor a través de los nervios laceradas. El levantar el cuerpo rasparía dolorosamente la espalda contra la estípe. Como resultado de eso cada esfuerzo de respiración se volvería agonizante y fatigoso, eventualmente llevaría a la asfixia y finalmente a su fallecimiento.Era costumbre de los romanos que los cuerpos de los crucificados permaneciesen largas horas pendientes de la cruz; a veces hasta que entraban en putrefacción o las fieras y las aves de rapiña los devoraban.Por lo tanto antes que Jesús muriese, los príncipes de los sacerdotes y sus colegas del Sanedrín pidieron a Pilato que, según la costumbre Romana, mandase rematar a los ajusticiados, haciendo que se le quebrasen las piernas a golpes. Esta bárbara operación se llamaba en latín crurifragium (Jn 20, 27)Las piernas de los ladrones fueron quebradas, más al llegar a Jesús y observar que ya estaba muerto, renunciaron a golpearle; pero uno de los soldados para mayor seguridad quiso darle lo que se llamaba el “golpe de gracia” y le traspaso el pecho con una lanza.En esta sangre y en esa agua que salieron del costado, los médicos han concluido que el pericardio, (saco membranoso que envuelve el corazón), debió ser alcanzado por la lanza, o que se pudo ocasionar perforación del ventrículo derecho o tal vez había un hemopericardio postraumático, o representaba fluido de pleura y pericardio, de donde habría procedido la efusión de sangre. Con este análisis que si bien es conjetura, nos acercamos más a la causa real de su muerte. Interpretaciones que se encuentran dentro de un rigor científico en cuanto a su parte teórica; más no demostrables con análisis ni estudios complementarios.Los cambios sufridos en la humanidad de Jesucristo, se han visto a la luz de la medicina, con el fin de encontrar realmente el carácter humano, en un hombre que es llamado el hijo de Dios, y que voluntariamente acepto este suplicio, convencido del efecto redentor y salvador para los que crean en ÉL y en su evangelio.

REFERENCIAS
1. Sermo de Passione
2. San Justiniano, Dial, c, Tryph, 97,98,104, y apol, 135; Tertuliano, adv. Marc,
3. Camargo Rubén. Diario el heraldo. B/quilla, Col 1990
4. Rev. Med. Jama 1986;255;1455-1463
5. Fragm, 16
6. Tractac in Joan, 36,4 - De obitu Theodos, 47 y 49
7. Séneca,Epist,101; Petronio, Sat 3,6; Eusebio, Hist,eccl,8,8
8. Carta Apostólica Salvifici Doloris 1984
9.Louis Claude Fillion. Vida de Nuestro Señor Jesucristo. Tomo III

miércoles, 2 de noviembre de 2011

el septimo sello

“Amar a una persona es sentir que se le dice: tú no morirás” Gabriel Marcel

EL SEPTIMO SELLO: Suecia, mediados del siglo XIV. La Peste Negra asola Europa. Tras diez años de inútiles combates en las Cruzadas, el caballero sueco Antonius Blovk y su leal escudero regresan de Tierra Santa. Blovk es un hombre atormentado y lleno de dudas. En el camino se encuentra con la Muerte que lo reclama. Entonces él le propone jugar una partida de ajedrez, con la esperanza de obtener de Ella respuestas a las grandes cuestiones de la vida: la muerte y la existencia de Dios

viernes, 15 de julio de 2011

martes, 21 de diciembre de 2010

una oración por su alma ...

Paquita murió... DEP
Dejad que venga el Señor! El tiemnpo de la pelea es corto. La muerte me ha de separar de todo lo de este mundo. Desde este instante empiezo a trabajar para vivir como querré haber vivido.
En ese momento estaré solas; únicamente mis buenas obras me darán consuelo y alivio. Pero Vos sois mi Padre y queréis perdonarme... Por mucho que sea lo que le debo, quiere perdonármelo todo, con tal que se lo pida de veras y prometa de veras también no separarme más de su compañía... Yo no puedo hacerlo sin vuestra gracia, sin vuestro auxilio... Os pido ¡clementísimo Jesús! la gracia de morir en vuestra amistad. Que así sea.

lunes, 15 de noviembre de 2010

kempis...

Capítulo: XXIII. REFLEXIÓN SOBRE LA MUERTE
1. Muy pronto se referirá a ti esta realidad:
mira bien en qué situación tan distinta te encontrarás.
Hoy día está una persona
y mañana no se presenta.
Cuando se aparta algo de la vista
muy pronto desaparece de la mente.
Por la rutina e insensibilidad de nuestras facultades
sólo tomamos en cuenta lo presente
y no prevemos más lo que vendrá después.
Así deberías conducirte en todas tus actividades y pensamientos
como si hoy mismo te fueras a morir.
Si hubiera tranquilidad en tu conciencia
no tendrías mucho temor a la muerte.
Mejor sería evitar los pecados que pretender
huir de la muerte.
Si hoy no te encuentras preparado ¿de qué modo loestarás mañana?
Mañana es día incierto ¿y qué sabes si tendrás mañana?
2. ¿Qué te aprovecha seguir viviendo cuando tan poco te enmiendas?
Una larga vida no siempre nos corrige
sino con frecuencia aumenta más las culpas.
¡Ojalá durante un solo día
nos hubiéramos comportado bien en este mundo!
Muchos cuentan los años que pasaron desde su propósito de conversión
y con frecuencia es muy pequeño
el fruto de su corrección.
Si nos aterroriza morir
puede ser más peligroso vivir.
Feliz quien tiene siempre ante sus ojos la hora de
su muerte
y diariamente se prepara a morir bien.
Si alguna vez viste a un hombre morir
piensa que por el mismo camino tendrás que partir.
3. Por la mañana, piensa que no alcanzarás la tarde
y cuando llegue la tarde, no te atrevas a prometerte la mañana.
Por eso mismo, manténte siempre listo
de tal manera que nunca te sorprenda la muerte sin preparación.
Muchos mueren súbita e imprevistamente
porque “a la hora que no se piensa vendrá el Hijo del hombre” (Lc 12,40).
Cuando llegue esta última hora
empezarás a apreciar de forma muy distinta toda tu vida pasada
y sentirás gran dolor por haber sido tan negligente y pusilánime.
¡Qué feliz y juicioso
el que se esfuerza ahora en su vida
como ha elegido encontrarse al morir!
La valoración justa del mundo, el deseo entusiasta de progresar en las virtudes, el amor a la austeridad, esfuerzo de la autocorrección, la prontitud en obedecer,
la abnegación de sí mismos y el soportar cualquier contradicción
por amor de Cristo darán gran confianza a la hora de la muerte.
Pocos se perfeccionan con la enfermedad,
como los que hacen largas peregrinaciones y poco se santifican.
5. No confíes ciegamente en amigos y conocidos
ni difieras tu salvación para el futuro
porque más pronto te olvidarán las personas que estimas.
Mejor es ahora prever lo que sobrevendrá
y tener preparadas algunas buenas obras para ello
que estar esperanzado en el auxilio ajeno.
¿Si no eres solícito por ti mismo en el presente
quién se preocupará por ti en el futuro?
Ahora es el tiempo más valioso.
Ahora son los días de salvación.
Ahora es el tiempo aceptable.
Pero ¡qué lamentable! porque no lo gastas útilmente
pudiendo ganar en él para que vivas eternamente.
Llegará el momento cuando desearás un solo día o una sola hora
para enmendarte, y no sé si lo obtendrás.
6. Atiende, queridísimo amigo, de qué peligro te puedes librar
y de cuán gran temor te puedes sustraer
si ahora eres cuidadoso y estás como pendiente
de la muerte.
Estudia ahora vivir de tal manera
que en la hora de la muerte puedes más bien alegrarte que temer.
Aprende ahora a morir para este mundo
de manera que empieces a vivir con Cristo.
Aprende ahora a despreciar las cosas
para que logres libremente alcanzar a Cristo.
Domina ahora tu cuerpo con la austeridad
para que puedas tener confianza cierta.
7. ¡Necio! Piensas vivir largo tiempo
y no tienes asegurado un solo día.
¡Cuántos quedaron frustrados
porque se les arrancó de aquí inesperadamente!
Cuántas veces habrás escuchado decir
que uno murió por arma blanca, otro se ahogó, éste
se cayó desde lo alto y se rompió el cuello, otro comiendo se quedó tieso, aquél otro jugando encontró su fin, otro por causa del juego, otro por el hierro, otro por epidemia, otro a manos de delincuentes.
Así, el fin de todos es morirse,
y la vida de las personas pasa de pronto como una sombra.
8. ¿Quién te recordará después de la muerte
y quién orará por ti?
Realiza, realiza ahora, queridísimo hermano,
lo que puedas realizar,
porque no sabes cuando morirás
ni qué pasará en tu casa después que mueras.
Mientras tengas tiempo;
reúne riquezas inmortales;
fuera de tu salvación, nada pienses
y cuida solamente de lo que corresponde a Dios.
Hazte ahora de amigos venerando a los santos de Dios
e imitando sus acciones para que cuando debas abandonar
ésta vida, te reciban ellos en las eternas mansiones.
9. Manténte como peregrino y visitante sobre la tierra
a quien nada le importa los manejos del mundo.
Mantén liberado tu corazón
y siempre levantado hacia Dios
porque no posee aquí ciudad permanente.
Dirige a Él tus oraciones con llamados angustiosos y lágrimas cotidianas, para que merezcas pasar con felicidad
hacia Dios, a través de tu muerte. Amén.

Capítulo: XXIV
JUICIO Y CASTIGOS DE LOS PECADORES
1. Dirige tu mirada al fin en todas las cosas
y de qué manera comparecerás ante el juez justísimo
para quien nada está oculto
ni se deja aplacar con sobornos, ni acepta excusas
sino que, como justo juez, juzgará.
Tú, pecador miserable y tonto,
¿qué responderás a Dios que conoce todas tus maldades
tú que a veces tienes miedo del rostro airado de un simple hombre?
¿Por qué no te previenes para el día del juicio
cuando ninguno podrá disculparse o alegar por otro
sino que cada uno tendrá bastante con llevar su propio peso?
Ahora es fructífera tu labor, tu llanto es aceptable,
atendibles tus gemidos, tu dolor
compensatorio y purificador.
2. Tiene un lugar grande y saludable de purificación la persona
paciente que al recibir injurias sin motivo
le apena más la malicia del otro que su propia ofensa,
que ruega a Dios voluntariamente por quienes lo contrarían,
de corazón perdona los agravios
que no se demora en pedir perdón a otros,
más fácilmente se compadece que monta en cólera,
con frecuencia dirige su misma violencia hacia sí
y se empeña en dominar bajo el yugo de su espíritu
las tendencias deshonestas de su naturaleza.
Mejor es ahora limpiarse de pecados y cortar las
costumbres depravadas que reservar para el
futuro su expiación.
Verdaderamente nosotros mismos nos engañamos
por el desarreglado afecto que tenemos a nuestros malos impulsos.
3. ¿Qué cosa distinta a tus pecados devorará ese fuego?
Mientras más ampliamente te disculpas ahora a ti mismo
y sigues tus inclinaciones deshonestas,
con mayor intransigencia se te exigirá que pagues
y más material reservas para que arda.
En lo que peque la persona,
en eso será más gravemente castigada.
Allí los perezosos serán estimulados con punzonesardientes
y atormentados los glotones con inmensa
sed y hambre.
Allí los lujuriosos y amantes deshonestos de placeres serán zambullidos en asfalto ardiente y pestífero azufre;
los envidiosos aullarán de dolor como perrosrabiosos.
4. No habrá maldad que no reciba su castigo específico.
Allí todos los altaneros quedarán repletos de vergüenza
y restringidos los avaros por miserable indigencia.
Allí será más grave pasar una hora de sufrimiento
que aquí cien años de penitencia amarguísima.
Allí no hay ningún descanso, si [sic] el menor consuelo
para los condenados.
aquí sin embargo cesan los sufrimientos de vez en cuando
y se puede gozar la satisfacción de la amistad.
Ten ahora cuidado y arrepiéntete de tus faltas
para que el día del juicio estés seguro con los santos.
Porque entonces estarán los justos de pie y sin temor
ante quienes los angustiaron y hundieron (Sb 5,1).
5. Entonces se sentará a juzgar
quien ahora se somete con humildad a los juicios de los hombres.
Entonces tendrá gran confianza el pobre y humilde
pero el arrogante estará aterrado por todas partes.
Entonces se hará patente que el auténtico sabio en este mundo
fue el que aprendió a aparecer como tonto y despreciado por Cristo.
Entonces se alegrarán todas las personas devotas
y se entristecerán todos los irreligiosos.
Entonces se animará más el cuerpo que sufrió privaciones
que si siempre se hubiera nutrido con delicias.
Entonces resplandecerá la ropa modesta
y se oscurecerán los finos vestidos.
Entonces se valorizará más la vivienda pobre
que el palacio recubierto de oro.
Entonces más ayudará la constante paciencia
que todo el poderío del mundo.
Entonces será más encomiada la simple obediencia
que los profundos conocimientos.
Entonces se ponderará más el desprecio de las riquezas
que todos los tesoros de la tierra.
Entonces te aliviará más haber orado con dedicación
que haber comido exquisitamente.
Entonces te gozarás más de haber respetado el silencio
que de largas habladurías.
Entonces valdrán más las actividades santas
que muchas bellas palabras.
Entonces satisfará más la vida austera y la ardua penitencia
que todos los deleites de la tierra.
6. Aprende ahora a sufrir moderadamente
para que puedas liberarte de sufrimientos mayores.
Prueba aquí primero de lo que serás capaz después.
Si ahora puedes soportar tan poco
¿Cómo podrás aguantar las torturas eternas?
Si al presente sobrellevas tan impacientemente un breve padecimiento
¿qué hará entonces el infierno?
La verdad es que no puedes tener dos gozos completos:
deleitarte aquí en el mundo y después reinar con Cristo.
Si hasta el día de hoy hubieras vivido en medio dehonores y libertinaje
y te llegara el momento de morir
¿de que te habría servido?
Todo, por tanto, es vaciedad
fuera de amar y servir a Dios.
Quien ama a Dios con todo su corazón
no teme a la muerte, ni a los suplicios, ni al juicio [sic]
ni al infierno
porque el perfecto amor nos da seguro acceso a Dios.
No extrañe que quien insiste en deleitarse y
en pecar esté asustado por la muerte y el juicio.
Bueno es, con todo, que si el amor no nos aparta del mal,
por lo menos el miedo al infierno nos cohiba.
Porque el que pospone el temor a Dios, no puede
durar mucho tiempo obrando bien
sino que caerá pronto en las trampas del demonio.

Capítulo: XXV
PERMANENTE REFORMA DE TODA NUESTRA VIDA
1. Sé atento y cuidadoso en servir a Dios
y medita con frecuencia: ¿A qué has venido?
¿Por qué te has retirado del mundo?
¿Acaso no fue por vivir para Dios y transformarte en
persona del Espíritu?
Anímate, pues, a progresar
porque pronto vas a recibir el premio de tus esfuerzos,
y no habrá para ti más temor ni dolor al final.
Ahora trabajarás poco
y encontrarás magnífico descanso y perpetua alegría.
Si te mantienes fiel y entusiasta en tus acciones
Dios, sin duda, será más fiel y generoso en retribuirte.
2. Cierta persona sufría gran angustia
fluctuando frecuentemente entre el miedo y la confianza;
un buen día, cargado de tristeza,
se arrojó delante de un altar en la Iglesia para orar
y revolviendo dentro de sí los pensamientos, decía [sic]
“Si supiera por cuánto tiempo más
iré a perseverar en el servicio de Dios...”
Al instante escuchó interiormentela respuesta divina:
“Sabiendo esto ¿cómo tecomportarías?
Haz ahora lo que harías entonces y estarás bien seguro”.
A partir de ahí, consolado y reconfortado
se ofreció a la voluntad divina
y cesó la angustia y confusión.
No quiso investigar con curiosidad para saber
qué pasaría con él en el futuro
sino más bien se preocupó de inquirir cuál sea la
perfecta y satisfactoria voluntad de Dios (Rm 12,2)
para empezar y completar toda buena obra.
3. “Confía en el Señor y haz el bien, dice el salmista,
habita tu tierra y serás alimentado con sus riquezas” (Sal 37,3).
La causa principal por la que muchos se retraen
de su progresiva y animosa reforma
es el horror a las dificultades y al esfuerzo del combate.
Por eso, progresarán más que otros en las virtudes cristianas
quienes empleen todas sus energías en vencer valerosamente
lo que más les dificulta y contraría.
Porque allí cada uno aprovecha más, y merece gracias más amplias
donde se vence más a sí mismo y se mortifica por el Espíritu.
4. Pero no todos tienen que vencer y mortificar lo mismo.
Sin embargo, el aplicado y con espíritu de competencia
será más valeroso en su aprovechamiento,
aunque tenga fuertes pasiones
que otro de temperamento tranquilo
menos fervoroso para las virtudes.
Dos cosas ayudan especialmente para una profunda reforma
sustraerse con violencia de todo aquello a que
nos inclina nuestra naturaleza desviada
y perseguir con ardor el bien que más nos hace falta.
Procura también precaver y vencer
lo que más frecuentemente te desagrada en los demás.
5. En todas partes procura tu perfeccionamiento
de manera que si ves o escuchas buenos ejemplos
puedas llegar a imitarlos.
Si encuentras algo reprensible cuídate de no hacerlo igual.
O si alguna vez lo hiciste
inmediatamente dedícate a corregirlo.
Así como tus ojos miran a los demás
igualmente los otros se fijan en ti, [sic]
¡Qué feliz y grato es contemplar a los hermanos
entusiastas y devotos
condescendientes y disciplinados!
¡Qué triste y pesado es ver que van de aquí para allá,
sin objetivo
los que no realizan aquello para lo que fueron llamados!
¡Qué dañino es despreciar el propósito de su vocación
y dirigir sus facultades a lo que no se les encomendó!
6. Acuérdate de la decisión que asumiste
y propónte como modelo al Crucificado.
Bien puedes avergonzarte,
contemplando la vida de Jesucristo
que hasta ahora no te preocupaste
de imitarlo más a Él
aunque hace largo tiempo que estás en el camino de Dios.
La persona religiosa que con dedicación y devoción
trate de ejercitarse en la vida y pasión del Señor,
encontrará que le son útiles y necesarias mayormente
y que no le es posible encontrar nada mejor fuera de Jesús.
¡Si Jesús crucificado viniera a nuestro corazón
qué pronto y suficientemente seríamos enseñados!
7. El ferviente religioso
sabe recibir bien y aceptar
todo lo que le mandan.
El negligente y tibio
tiene una aflicción sobre otra
y de todas partes padece angustias
porque carece de las alegrías interiores
y le está prohibido buscar las exteriores.
El religioso que vive fuera de la disciplina
está cerca de caer gravemente.
Quien busca la relajación y las dispensas
siempre estará entre angustias
porque lo uno o lo otro le descontentará.
8. ¿Cómo hacen tantos otros religiosos
que se encuentran muy satisfechos bajo la disciplina conventual?
Salen rara vez, viven abstraídos, comen pobremente,
se visten con sencillez, trabajan mucho, hablan poco [sic]
pasan la noche en vela, madrugan, tienen largas horas de oración,
estudian frecuentemente y se mantienen en perfecto orden.
Fíjate en los cartujos, los cisterciences y en los monjes o monjas
de las diversas órdenes religiosas
cómo cada noche se levantan para recitar salmos al Señor.
Y por eso sería una torpeza de tu parte,
que holgazanearas en tiempo tan santo
mientras tan gran multitud de religiosos
inicia su jubilosa alabanza a Dios.
¡Ojalá ninguna otra cosa nos correspondiese
sino alabar a Dios Nuestro Señor
con todo el corazón y los labios!
¡Ojalá nunca tuvieras necesidad
de comer, ni beber, ni dormir
sino que siempre te fuera posible alabar a Dios
y estar libre para dedicarte solamente a las realidades espirituales!
Entonces serías mucho más feliz que ahora
que te ves obligado a atender a tu naturaleza humana
por cualquier necesidad.
¡Ojalá no tuvieras estas necesidades
sino únicamente alimentos para el espíritu
que desgraciadamente rara vez saboreamos lo suficiente!
9. Cuando alguien llega a este punto,
de no buscar su satisfacción en ninguna criatura
entonces empieza recién a sentir a Dios perfectamente,
y a estar contento de cualquier cosa que suceda.
Entonces no se entusiasma por lo grandioso
ni se deprime por lo pequeño
sino que íntegra y confiadamente se pone en manos de Dios
quien es todo para él en todas las cosas
para el que nada se pierde, ni muere
sino que todo vive en Él
y le sirve al instante según su Voluntad.
10. Acuérdate siempre del Fin
porque el tiempo perdido no vuelve.
Sin atención y diligencia
nunca adquirirás las virtudes.
Si empiezas a entibiarte,
empiezas tu mal proceder.
En cambio, si te entregas con calor al servicio de Dios
encontrarás gran paz y sentirás menos el esfuerzo
por el favor de Dios y el amor a la virtud.
La persona ardorosa y diligente
está preparada para todo.
Mayor esfuerzo hace falta
para resistir los vicios y pasiones adversas
que para desarrollar el trabajo físico.
Quien no evita los defectos pequeños,
poco a poco caerá en los grandes.
Te alegrarás siempre al anochecer
si has empleado el día provechosamente.
Vigílate tú mismo, anímate tú mismo, corrígete tú mismo
y hagan lo que hagan los demás
no te descuides de ti mismo.
Tanto progresarás
cuanto contigo mismo ejercites tu energía. Así es.

final

Y esta vez el comentario –dice José Luis Martin Descalzo- son los 5 mansos sonetos que “cuentan” la muerte y la no-muerte del autor. Que sueña con llegar un día a gozar de “la Noche-luz tras tanta noche oscura”

Se lo encontraron muerto una mañana
de principios de otoño. Sonreía
dando gracias al sol, que aún lamía
su piel tras el cristal de la ventana.
Dijeron que sonaba una campana
y que e´, desde la muerte, todavía
la quería escuchar y que tendía
las muertas manos a la voz lejana.
Dicen que el cuerpo estaba acurrucado
como el de un pequeño que quisiera
regresar hasta el punto de partida.
Aseguran que no estaba asustado
y jugaba a morir, como si fuera
el último recreo de su vida.

Antes que sus amigos, se enteraron
de su muerte las cosas, las queridas
cosas que tanto amó, que, sorprendidas,
a su cuerpo caído se acercaron.
“¿Por qué no ríe ya?” se preguntaron
los bolígrafos viudos, las dormidas
librerías, las sábanas caídas
que por última noche le arroparon.
Todo esperaba el roce de sus dedos,
todos querían volver a su mano,
porque, en su muerte, todos se morían.
Y allí quedaron los objetos quedos,
acariciando al pobre muerto humano
con los últimos besos que tenían.

Cuando llegó, la gente no entendía
que estuviera tan muerto, tan dormido
aquel muchacho que no había sabido
más que vivir, vivir, mientras vivía.
¿Qué va a hacer, la gente se decía,
ahora que estás tan muerto, tan herido,
ahora que tus jardines han huido
y que se te ha extraviado la alegría?
¿Cómo amará tu corazón parado?
¿Qué harás si la esperanza se te acaba?
¿Podrás vivir en la tiniebla fría?
Pero él seguía allí, muerto y helado.
Pero él estaba muerto y se callaba.
Pero él estaba muerto y no sabía.

El no sintió que el cuerpo iba quedando
duro, de piedra solitaria y fría.
No comprobó que el corazón dormía
y que la ultima sed se iba apagando.
Pero allá, en algún sitio, suplicando
se oyó su muerta voz que repetía
que aceptaba morir, pero quería
salvar lo que se estaba marchitando.
Salvar la pobre carne de la muerte,
rescatar del gusano aquellas manos
y el niño corazón que tanto amara.
Pero estaba jugada ya su suerte:
era el precio que pagan los humanos.
Porque la vida siempre sale cara.

Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.
Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura.