lunes, 7 de enero de 2013
NAZARET
¿Acaso de Nazareth puede salir algo bueno? Jn. 1, 46.
Mala fama, Señor, tenía tu tierra,
innombrada en el sur de Galilea,
sin profetas, apenas una aldea
ausente en los honores de la guerra.
Natanael pregunta y algo encierra
su demanda enigmática y hebrea:
pregunta si el Mesías alborea,
si la esperanza al Cielo nos aferra.
Porque se dice nazareno el fruto,
el retoño, la flor, pétalo en rama,
la raíz de Jesé que oyó Isaías.
Reine tu vara entre las agonías
de esta patria sin sol en su retama.
Nazca tu Vida y se disipe el luto.
domingo, 6 de enero de 2013
Poesía de Jauja.
El año cincuenta – y, antes del 60 (no recuerdo la fecha) – acabé de leer meditadamente el gran tratado de Kirkegord “Posdata definitiva no científica a las Nonadas Filosóficas”, después de haber leído otras obras menores para alcanzar su comprensión.
El libro me fascinó (o más elegante me impactó) de tal modo que ese mismo día escribí el poema kierkegordiano Jauja, el mejor de los míos (esto quizá no sea decir mucho) con una facilidad no ordinaria, como si alguien me lo dictase.
Uso allí la alegoría de un viaje arriscado por mar a una de las Islas Afortunadas para corporizar el “Itinerarium Mentis” del místico danés; como Fray Juan de Yepes usó la de una subida a la montaña, Santa Teresa el ingreso a la cámara más íntima de un palacio, el Inglés Bunyan el de un viaje a pie plagado de obstáculos y peripecias alegóricas; y así otros poetas místicos.
La escrición del poema, que va aquí en apéndice, me dejó la impresión de que el danés me había ayudado, como se lo pedí, lo cual significaba que se había salvado y estaba con Dios, lo cual se puede tener por superstición (y Uds. caros lectores pueden tenerlo) pero en mí es convicción soberana. El poema comienza:
JAUJA de la Isla Afortunada
Que son trescientas islas, mas la flor de canela
De todas es la incógnita que denominan Jauja
Hirsuta, impervia al paso de toda carabela
La cedió el Rey de Rodas a su primo el de León
Solo se aborda al precio de naufragio y procela
Y no la hallaron Vasco de Gama ni Colón.
Rompí todas mis cosas implacable exterminio
Mi jardín con sus ramos de cedrón y de arauja
Mis libros de Estrabonio de Plutarco y de Plinio
Y dije que iba a América, no dije que iba a Jauja.
Pinté verdes los cascos y los remos de minio
Y las vela como alas de halcón y de ilusión
Quedé sin rey ni patria, refugio ni dominio
Mi madre y su pañuelo llorando en el balcón.
Muchas veces la he visto, diferentes facciones,
Diferentes lugares, siempre la misma Jauja
Sus árboles, sus frondas floridas, sus peñones
Sus casas, maderamen del más perito atauja.
Su señuelo hechicero de aromas y canciones
Enfervecía el cielo de mi tripulación,
Mas desaparecían sus mágicas visiones
Apenas la ardua proa tocaba el malecón.
La he visto entre las brumas, la he visto en lontananza
A la luz de la luna y al sol de mediodía
Con sus ropas de novia de ensueño y esperanza
Y su cuerpo de engaño decepción y folia.
Esfuerzo de mil años de huracán y bonanza
Empresa irrevocable pues no hay volver atrás
La isla prometida que hechiza y que descansa
Cederá a mis conatos cuando no pueda más.
Surqué rabiosas aguas de mares ignorados
Cabalgué sobre olas de violencia inaudita
Sobre mil brazas de agua con cascos escorados
Recorrí la traidora pampa que el sol limita.
Desde el cabo de Hatteras al golfo de Mogados
Dejando atrás la isla que habitó Robinson
Con buena cara al tiempo malo y trucos osados
Al hambre y los motines de la tripulación. *
Me decían los hombres serios de mi aldehuela
“Si eso fuera seguro con su prueba segura
También me arriesgaría, yo me hiciera a la vela
Pero arriesgarlo todo sin saber es locura...”
Pero arriesgarlo todo justamente es el modo
Pues Jauja significa la decisión total
Y es el riesgo absoluto, y el arriesgarlo todo,
Es la fórmula única para hacerla real. *
Si estuviera en el mapa y estuviera a la vista
Con correos y viajes de idea y vuelta y recreo
Eso sería negocio, ya no fuera conquista
Y no sería Jauja sino Montevideo.
Dar dos recibir cuatro, cosa es de petardista,
Jauja no es una playa-Hawaii o Miramar.
No la hizo un matemático sino el Gran Novelista
Ni es hecha sino para marineros de mar.
Las gentes de los puertos donde iba a bastimento
Risueñas me miraban pasar como a un tilingo
Yo entendía en sus ojos su irónico contento
Aunque nada dijeran o aunque hablaran en gringo.
Doncellas que querían sacarme a salvamento
Me hacían ojos dulces o charlas de pasión
La sangre se me alzaba de sed o sentimiento
Mas yo era como un Sísifo volcando su peñón.
Busco la isla de Jauja, sé lo que busco y quiero
Que buscaron los grandes y han encontrado pocos
El naufragio es seguro y es la ley del crucero
Pues los que quieren verla sin naufragar, son locos
Quieren llegar a ella sano y limpio el esquife
Seca la ropa y todos los bagajes en paz
Cuando sólo se arriba lanzando al arrecife
El bote y atacando desnudo a nado el caz.
Busco la isla de Jauja de mis puertos orzando
Y echando a un solo dado mi vida y mi fortuna;
La he visto muchas veces de mi puente de mando
Al sol de mediodía o a la luz de la luna.
Mis galeotes de balde me lloran ¿cuándo, cuándo?
Ni les perdono el remo, ni les cedo el timón.
Este es el viaje eterno que es siempre comenzando
Pero el término incierto canta en mi corazón.
Oración
Gracias te doy Dios mío que me diste un hermano
Que aunque sea invisible me acompaña y espera
Claro que no lo he visto, pretenderlo era vano
Pues murió varios siglos antes que yo naciera
Mas me dejó su libro que, diccionario en mano,
De la lengua danesa voy traduciendo yo
Y se ve por la pinta del fraseo baquiano que él llegó, que él llegó.
Leonardo Castellani (del apéndice de la obra “De Kirkegord a Tomás de Aquino” de Leonardo Castellani)
El libro me fascinó (o más elegante me impactó) de tal modo que ese mismo día escribí el poema kierkegordiano Jauja, el mejor de los míos (esto quizá no sea decir mucho) con una facilidad no ordinaria, como si alguien me lo dictase.
Uso allí la alegoría de un viaje arriscado por mar a una de las Islas Afortunadas para corporizar el “Itinerarium Mentis” del místico danés; como Fray Juan de Yepes usó la de una subida a la montaña, Santa Teresa el ingreso a la cámara más íntima de un palacio, el Inglés Bunyan el de un viaje a pie plagado de obstáculos y peripecias alegóricas; y así otros poetas místicos.
La escrición del poema, que va aquí en apéndice, me dejó la impresión de que el danés me había ayudado, como se lo pedí, lo cual significaba que se había salvado y estaba con Dios, lo cual se puede tener por superstición (y Uds. caros lectores pueden tenerlo) pero en mí es convicción soberana. El poema comienza:
JAUJA de la Isla Afortunada
Que son trescientas islas, mas la flor de canela
De todas es la incógnita que denominan Jauja
Hirsuta, impervia al paso de toda carabela
La cedió el Rey de Rodas a su primo el de León
Solo se aborda al precio de naufragio y procela
Y no la hallaron Vasco de Gama ni Colón.
Rompí todas mis cosas implacable exterminio
Mi jardín con sus ramos de cedrón y de arauja
Mis libros de Estrabonio de Plutarco y de Plinio
Y dije que iba a América, no dije que iba a Jauja.
Pinté verdes los cascos y los remos de minio
Y las vela como alas de halcón y de ilusión
Quedé sin rey ni patria, refugio ni dominio
Mi madre y su pañuelo llorando en el balcón.
Muchas veces la he visto, diferentes facciones,
Diferentes lugares, siempre la misma Jauja
Sus árboles, sus frondas floridas, sus peñones
Sus casas, maderamen del más perito atauja.
Su señuelo hechicero de aromas y canciones
Enfervecía el cielo de mi tripulación,
Mas desaparecían sus mágicas visiones
Apenas la ardua proa tocaba el malecón.
La he visto entre las brumas, la he visto en lontananza
A la luz de la luna y al sol de mediodía
Con sus ropas de novia de ensueño y esperanza
Y su cuerpo de engaño decepción y folia.
Esfuerzo de mil años de huracán y bonanza
Empresa irrevocable pues no hay volver atrás
La isla prometida que hechiza y que descansa
Cederá a mis conatos cuando no pueda más.
Surqué rabiosas aguas de mares ignorados
Cabalgué sobre olas de violencia inaudita
Sobre mil brazas de agua con cascos escorados
Recorrí la traidora pampa que el sol limita.
Desde el cabo de Hatteras al golfo de Mogados
Dejando atrás la isla que habitó Robinson
Con buena cara al tiempo malo y trucos osados
Al hambre y los motines de la tripulación. *
Me decían los hombres serios de mi aldehuela
“Si eso fuera seguro con su prueba segura
También me arriesgaría, yo me hiciera a la vela
Pero arriesgarlo todo sin saber es locura...”
Pero arriesgarlo todo justamente es el modo
Pues Jauja significa la decisión total
Y es el riesgo absoluto, y el arriesgarlo todo,
Es la fórmula única para hacerla real. *
Si estuviera en el mapa y estuviera a la vista
Con correos y viajes de idea y vuelta y recreo
Eso sería negocio, ya no fuera conquista
Y no sería Jauja sino Montevideo.
Dar dos recibir cuatro, cosa es de petardista,
Jauja no es una playa-Hawaii o Miramar.
No la hizo un matemático sino el Gran Novelista
Ni es hecha sino para marineros de mar.
Las gentes de los puertos donde iba a bastimento
Risueñas me miraban pasar como a un tilingo
Yo entendía en sus ojos su irónico contento
Aunque nada dijeran o aunque hablaran en gringo.
Doncellas que querían sacarme a salvamento
Me hacían ojos dulces o charlas de pasión
La sangre se me alzaba de sed o sentimiento
Mas yo era como un Sísifo volcando su peñón.
Busco la isla de Jauja, sé lo que busco y quiero
Que buscaron los grandes y han encontrado pocos
El naufragio es seguro y es la ley del crucero
Pues los que quieren verla sin naufragar, son locos
Quieren llegar a ella sano y limpio el esquife
Seca la ropa y todos los bagajes en paz
Cuando sólo se arriba lanzando al arrecife
El bote y atacando desnudo a nado el caz.
Busco la isla de Jauja de mis puertos orzando
Y echando a un solo dado mi vida y mi fortuna;
La he visto muchas veces de mi puente de mando
Al sol de mediodía o a la luz de la luna.
Mis galeotes de balde me lloran ¿cuándo, cuándo?
Ni les perdono el remo, ni les cedo el timón.
Este es el viaje eterno que es siempre comenzando
Pero el término incierto canta en mi corazón.
Oración
Gracias te doy Dios mío que me diste un hermano
Que aunque sea invisible me acompaña y espera
Claro que no lo he visto, pretenderlo era vano
Pues murió varios siglos antes que yo naciera
Mas me dejó su libro que, diccionario en mano,
De la lengua danesa voy traduciendo yo
Y se ve por la pinta del fraseo baquiano que él llegó, que él llegó.
Leonardo Castellani (del apéndice de la obra “De Kirkegord a Tomás de Aquino” de Leonardo Castellani)
sábado, 5 de enero de 2013
Este es el tiempo de la esperanza
Mucho hemos hablado de la fe y ¡hasta la hemos convertido en dogma! Y el dogma pretendió proteger tanto el misterio, que terminó “controlándolo”, y finalmente consiguió ahogar al Espíritu que todo lo hace nuevo. Y cerrando cada vez más el cerco con cánones intocables de ortodoxia, consiguió que allí, no entrara ni Dios. Y se consiguió confinar a la mística al espacio de unos pocos “escogidos” y se quiso controlar lo que es incontrolable: la experiencia de Dios y la loca libertad de su Espíritu que nos hace libres y liberadores.
Hemos cantado al amor, y mucha tinta ha corrido en poemas, versos, historias y leyendas. Y los humanos y los creyentes cosificamos tanto el amor, que “hicimos el amor y la guerra”.
El amor lo era todo, y a fuerza de hablar y hablar de él, lo hemos manoseado tanto que se confundió con sucedáneos, y sus dimensiones profundas y universales, se nos escaparon, como se escapa el agua de las manos. Y a pesar de todo, el Amor, sigue siendo el motor, y seguramente lo único importante.
Cuando el discurso de la fe dejó de tocar los corazones, por haber secuestrado al Espíritu en rígidos principios, las palabras comenzaron a sonar a vacío y dejaron de convencer. Y por los caminos de la libertad, echó a andar el Espíritu que habla todas las lenguas y se viste de todos los colores; que entona cualquier sinfonía, y que no se deja encasillar en ninguna; que rompe fronteras y se instala solo en los sencillos, en los limpios de corazón. Cuando con el sublime nombre de “la caridad” se pretendió que el amor tuviera la marca registrada de un grupo de creyentes de una única confesión, fuera de la cual –se decía- “no hay salvación”, entonces el Amor y la Caridad verdadera, buscaron posada más allá de todas las fronteras, y derribaron todos los andamios y corsé que los pretendían contener, lanzaron las muletas y echaron a correr y se encontraron muy a gusto entre los que “sin llevar camisetas” que le separaran de los otros, se afanaban por humanizar la vida y hacer el bien; sencillamente eso: hacer el bien. En “nombre de Dios” hubo quien quiso controlar el amor y lo confundió con la moral… Y lo quiso someter, medir y juzgar….
Pero: ¿Cómo controlar lo incontrolable y abarcar lo inabarcable? Se ha inaugurado el tiempo de la Esperanza. Y sus protagonistas son aquellos que fueron capaces de arder en el amor e irradiar con la luz de una fe sin añadiduras y con su fuerza y su calor. La esperanza es el tiempo y la oportunidad. A las palabras se las llevó el viento y hoy solo queda el testimonio y el compromiso de los que hacen camino al andar. ¡Basta de fórmulas vacías, que caigan las estructuras opresoras, y que entre todos demos a la esperanza una oportunidad. El amor sin paliativos es nuevo y creativo. La fe sin condiciones dilata el corazón y lo hace universal. Esta es la hora de la esperanza en la que solo vale aquello que se pone por obra. Lo podemos decir más alto, pero no más claro: La única religión válida, el único camino auténtico, es el que se ha inaugurado y es el de la Esperanza: El del tiempo presente que nos abre al infinito. Si cada uno apostamos por la persona, y hacemos nuestra la causa de la humanidad; si todos aceptamos el reto de sumar y nos olvidamos de las marcas y denominaciones de origen que nos separan, entonces el tiempo de la plenitud, ha comenzado.
Sor Lucía Caram, Dominica Contemplativa
Cuando el discurso de la fe dejó de tocar los corazones, por haber secuestrado al Espíritu en rígidos principios, las palabras comenzaron a sonar a vacío y dejaron de convencer. Y por los caminos de la libertad, echó a andar el Espíritu que habla todas las lenguas y se viste de todos los colores; que entona cualquier sinfonía, y que no se deja encasillar en ninguna; que rompe fronteras y se instala solo en los sencillos, en los limpios de corazón. Cuando con el sublime nombre de “la caridad” se pretendió que el amor tuviera la marca registrada de un grupo de creyentes de una única confesión, fuera de la cual –se decía- “no hay salvación”, entonces el Amor y la Caridad verdadera, buscaron posada más allá de todas las fronteras, y derribaron todos los andamios y corsé que los pretendían contener, lanzaron las muletas y echaron a correr y se encontraron muy a gusto entre los que “sin llevar camisetas” que le separaran de los otros, se afanaban por humanizar la vida y hacer el bien; sencillamente eso: hacer el bien. En “nombre de Dios” hubo quien quiso controlar el amor y lo confundió con la moral… Y lo quiso someter, medir y juzgar….
Pero: ¿Cómo controlar lo incontrolable y abarcar lo inabarcable? Se ha inaugurado el tiempo de la Esperanza. Y sus protagonistas son aquellos que fueron capaces de arder en el amor e irradiar con la luz de una fe sin añadiduras y con su fuerza y su calor. La esperanza es el tiempo y la oportunidad. A las palabras se las llevó el viento y hoy solo queda el testimonio y el compromiso de los que hacen camino al andar. ¡Basta de fórmulas vacías, que caigan las estructuras opresoras, y que entre todos demos a la esperanza una oportunidad. El amor sin paliativos es nuevo y creativo. La fe sin condiciones dilata el corazón y lo hace universal. Esta es la hora de la esperanza en la que solo vale aquello que se pone por obra. Lo podemos decir más alto, pero no más claro: La única religión válida, el único camino auténtico, es el que se ha inaugurado y es el de la Esperanza: El del tiempo presente que nos abre al infinito. Si cada uno apostamos por la persona, y hacemos nuestra la causa de la humanidad; si todos aceptamos el reto de sumar y nos olvidamos de las marcas y denominaciones de origen que nos separan, entonces el tiempo de la plenitud, ha comenzado.
Sor Lucía Caram, Dominica Contemplativa
viernes, 4 de enero de 2013
GOLPES A MI PUERTA
ojo(+18años)
Un activista político perseguido irrumpe en la residencia de unas monjas católicas que aceptan esconderle de las patrullas militares que lo buscan. Aunque el Mayor Cerone sospecha que el fugitivo está escondido en la residencia, acuerda con las monjas no invadir el convento. No obstante, sus jefes no respetan la decisión y ordenan el asalto.
jueves, 3 de enero de 2013
RUDY, RETO A LA GLORIA
A Daniel E. Ruettiger todo el mundo le decía que era imposible que pudiera triunfar. Su padre, sus profesores, entrenadores y amigos estaban convencidos de que Rudy nunca podría ser admitido en la Universidad de Nôtre Dame y menos aún entrar en el más prestigioso programa de fútbol americano de la nación. Así las cosas, Daniel se va hundiendo cada vez más.
miércoles, 2 de enero de 2013
The Great Spanish Crash
This World BBC 2012 (subtitulado)... documental que presuntamente ha levantado ampollas en ciertos sectores político porque solo dice una gran cantidad de verdades (y olvida otras muchas), aderezado todo con una visión muy “british” de la realidad.
martes, 1 de enero de 2013
dia de la paz
este día es un cielo por muchas razones y lo celebramos con este estupendo y clásico INFIERNO EN EL PACIFICO
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los dos únicos supervivientes de una batalla naval, un soldado norteamericano y un oficial japonés, se encuentran aislados en una isla desierta del Océano Pacífico.
A los presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos de la iglesia de Tánger A todos vosotros, amados del Señor: Paz y Bien. “Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor, y es su nombre: «Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre perpetuo»; y su reino no tendrá fin”. Todos acariciamos en esperanza un futuro mejor que el presente, y, porque esa esperanza es cierta, trabajamos humildemente para verla cumplida: esperamos un mundo mejor y, por alcanzarlo, nos hemos hecho operadores de concordia y de paz. La paz, corazón de nuestra fe: No veo, queridos, de qué manera podría el hombre desear encontrarse con Dios, no veo de qué manera pudiéramos alegrarnos de ese encuentro, si “encontrar a Dios” no hubiese significado para nosotros “encontrar la paz” que necesitamos, la justicia de la que tenemos hambre, el bien que siempre añoramos. La paz, el mejor de los bienes que podamos desear, pertenece al corazón de nuestra fe, pues su llegada se anuncia al mismo tiempo que se anuncia el nacimiento de nuestro Salvador, y no podremos ya separar jamás la alegría por la Navidad y la alegría por la paz: Hoy nos ha nacido el Señor, y es su nombre: «Príncipe de la paz». Porque hemos creído, llevamos en el corazón a Cristo y su paz. Porque son muchos los que, buscándola, todavía no la hallaron, nosotros trabajamos por ella, para que la encuentren. Vosotros sabéis que llevar la paz al corazón de un hermano es dejarle a Dios en herencia. La paz, corazón de nuestra tarea: Dios nuestro Padre, que con providencia amorosa nos llamó al conocimiento de su Hijo y a la comunión con él, nos ha enviado, ungidos por el Espíritu Santo, como envió a su propio Hijo. En nuestras manos puso el evangelio para los pobres, libertad para los cautivos, vista para los ciegos, gracia para los pecadores, amor para todos. Si consideráis vuestra tarea, daréis nombre a la gracia que se os ha concedido llevar a vuestros hermanos: la gracia del pan, de la educación, de la salud, de la ternura, de la compasión… Podéis decir que a todos estáis llevando sacramentos de Cristo Jesús, el único que para toda la humanidad es Pan, Sabiduría, Salud, Misericordia, Gracia… Pero podréis también decir que a todos estáis llevando la paz que necesitan y que Dios les ofrece. De la misma manera que no podríais entender vuestra vida sin el Hijo de Dios que “nos ha nacido”, no la podéis entender sin los pobres con quienes ese Hijo vino a compartir alegrías y esperanzas, tristezas y angustias. Si los pobres son el destino de nuestra vida, nosotros seremos en sus vidas una oportunidad para la paz. Creo que lo podremos decir así: Hemos sido ungidos con el Espíritu de Jesús para llevar a los pobres la paz. La paz, corazón de nuestra mirada: Muchas veces os he bendecido con palabras que aprendí del hermano Francisco de Asís antes de leerlas en la Sagrada Escritura: “El Señor os bendiga y os guarde, os muestre su rostro y tenga misericordia de vosotros; vuelva a vosotros su mirada y os conceda la paz”. La misericordia es el corazón del rostro de Dios; la paz es el corazón de su mirada. Pide ver el rostro de Dios nuestra esperanza de encontrar su misericordia. Pide que se fije en nosotros la mirada del Señor nuestra esperanza de que esa mirada nos traiga la paz. Y el corazón intuye que, cuando de Dios recibimos su paz o su misericordia, en realidad es a Dios a quien recibimos, es el mismo Dios quien viene a nosotros. En esta escuela de la divina bendición, hemos de aprender los caminos secretos de la paz. El Espíritu que nos ha ungido para llevar a los pobres la paz, ha de iluminar con ella nuestra mirada, ha de ungirnos el rostro con la benignidad de la misericordia. La paz, tesoro guardado en el corazón: Puede que sean muchos quienes consideren sus razones o sus intereses o sus sentimientos un tesoro más valioso que la paz. Puede que sean muchos quienes entreguen su corazón a ideologías, riquezas, odios, y sacrifiquen en ese altar el deseo de paz que todos llevamos dentro. Dichosos vosotros, si en el corazón guardáis la paz, como la Madre de Jesús guardaba en el suyo los misterios de la fe, como vosotros guardáis en el vuestro a Cristo nuestro salvador. Dichosos vosotros, si amáis la paz como amáis a Cristo. Dichosos si trabajáis por la paz: Quien de vosotros la reciba, os recibirá a vosotros, y con vosotros, con vuestra paz, recibirá a Cristo. “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”. Tánger, 1 de enero de 2013. Solemnidad de Santa María Madre de Dios. Jornada mundial de la paz. + Fr. Santiago Agrelo Martínez. Arzobispo de Tánger
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