Cruda, como sólo la realidad puede serlo. No podrás mantenerte al margen de esta película, porque la vivirás intensamente. Es profundo el asco, la indignación y la impotencia que se sienten; se pasa muy mal, pero merece la pena violentarse ante la visión de la maldad y la injusticia humana, para denunciarla y rechazarla colectivamente como execrable. Y para que se les caiga la cara de vergüenza a los occidentales tibios...
Hay que rezar por todos aquellos que sufren abusos en todo el mundo, ya sean mujeres, niños, niñas... Por la dignidad del ser humano.
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